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León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Arborelius, Koch, Erdo, Eljk o Leo aguardan instrucción de Burke, Sarah, Müller, Stella o Zen
Aparecen como un grupo coordinado, pero sin líderes con opciones reales de convertirse en Papa. Lejos quedan las opciones que, algunos, aseguran que tienen purpurados como Sarah, Burke o Müller. En la práctica ninguna. Ellos lo saben, y por eso se lanzan a tumba abierta. Incluso, con críticas directas al Papa Francisco.
El sector conservador continúa moviendo sus brazos, sin definir un candidato, pero contribuyendo a aislar a otros, como Parolin o el propio Tagle (con éxito, en el primer caso, sin mucho eco, en el segundo), antes de lanzar a un 'papable' que pueda aglutinar el voto de los más refractarios a las reformas de Francisco. Muchos dicen que no hay candidatos: Arborelius, Koch, Erdo, Eljk o Leo aguardan en silencio 'instrucciones' de Burke, Sarah, Müller, Stella o Ambongo.
Así sucedió en la congregación celebrada este miércoles (hoy, 1 de mayo, no habrá reuniones oficiales, de las otras ya se sabe que vienen sucediéndose en apartamentos, reservados de restaurantes y casas de religiosas desde hace días, y los purpurados solo se encontrarán en los novendiales, presididos esta tarde por Víctor Manuel 'Tucho' Fernández), cuando providencialmente se abordó la cuestión de la polarización en la Iglesia y la división en la sociedad.
Dos purpurados, conservadores, que no entrarán el 7 de mayo en la Sixtina pero que sí ejercen de kingmakers del sector 'oficialista', alzaron la voz para criticar, directamente, el pontificado de Francisco. El más relevante fue Beniarmino Stella. El cardenal italiano, de 81 años, no es elector, pero su voz es muy considerada entre los cardenales. Cercano colaborador del secretario de Estado Parolin, a quien postula como Papa, acusó a Bergoglio de "haber pasado por alto la larga tradición de la Iglesia" que vincula el poder de gobierno con los órdenes sagrados y de haber "impuesto, en cambio, sus ideas", al permitir por primera vez que laicos y mujeres puedan tener cargos de gobierno en la curia romana, según la reconstrucción de Elisabetta Piqué en La Nación.
Stella criticó, entre otras cuestiones, el nombramiento de Simona Brambilla como prefecta del dicasterio de Institutos de Vida Consagrada, algo que no sentó muy bien a su pro prefecto, el español Fernández Artime, con quien Brambilla ha colaborado sin ningún problema y de manera sinodal. También se cargó contra la 'alcaldesa' del Vaticano, Raffaella Petrini, en una reunión en la que, paradójicamente, fue el ex presidente del Governatorato, Fernando Vérgez, quien habló de la situación económica de la ciudad-Estado. Y es que, por más reformas que se han implementado, las mujeres tampoco pueden entrar en el precónclave. Burke también intervino en la reunión para criticar el pontificado anterior.
"Hay que volver a poner las cosas en su lugar" fue la idea central del discurso de Stella, que causó cierto malestar entre la mayoría de los cardenales presentes en la sala, que por la mañana habían declarado ante los medios la cordialidad y comunión entre los presentes, y la sensación de que no había "marcha atrás" a las reformas de Francisco.
Y es que el debate, que personajes como Müller, Burke o Dolan han planteado en público, y purpurados como Stella, Sarah o Zen en privado, no está tanto en aceptar o no el legado de Bergoglio (mal que les pese a los ultras, no puede haber ruptura formal con el papado anterior), sino en "ordenar la casa" después de un pontificado que algunos tildan de "caótico". Una postura en la que están influyendo, desde fuera del cónclave, muchos representantes pontificios. Las nunciaturas, en su mayoría, se inclinan por Parolin, algo que está trasvasando las paredes del Aula Pablo VI. "Una figura moderada y diplomática", señalan, en clara referencia al secretario de Estado que, sin embargo, cuenta con poderosas opiniones en contra, como ya informamos desde RD.
Otro de los cardenales que intervino en la congregación de este miércoles fue el chino Zen. Uno de los más contestatarios durante el pontificado de Francisco, especialmente crítico con el acuerdo con China (por cierto, que el gigante asiático aprovechó la muerte de Francisco para nombrar dos nuevos obispos, sin que se sepa sin con la conformidad, o no, del Vaticano) y, por ende, no muy favorable a Parolin, sí denunció con dureza el camino sinodal emprendido por la Iglesia mundial, en una línea que muy pocos siguen pero que tiene algunos puntos que muchos purpurados, poco sensibles a la participación de todos, todos, todos, en puestos de responsabilidad, avalarían llegado el caso. Tanto habló Zen (las intervenciones no debían prolongarse más de cinco minutos, y el prelado emérito superó los 15) que tuvo que ser llamado al orden por el cardenal Re. De hecho, en la nota final, se hablaba de una coincidencia entre los purpurados sobre “el valor de la sinodalidad, vivida en estrecha conexión con la colegialidad episcopal, como expresión de corresponsabilidad diferenciada”.
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