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Pide a los cardenales estar "llamados a servir, testimoniando el Evangelio"
(Vatican News).- El sueño de Dios para su Iglesia, expresado varias veces por el Papa Francisco, está en el encuentro y el diálogo entre las generaciones, entre los sueños de los ancianos y la energía y la visión de los jóvenes, porque “no hay crecimiento sin raíces y no hay floración sin nuevos brotes”. Y el difunto Pontífice deja también esta palabra al Colegio Cardenalicio, «formado por jóvenes y ancianos, en el que todos puedan dejarse enseñar por Dios, intuir el sueño que Él tiene para su Iglesia y tratar de realizarlo con entusiasmo joven y renovado». Así lo afirmó el cardenal Leonardo Sandri, vicedecano del Colegio Cardenalicio, en la homilía de la quinta Misa de los Novendiali en sufragio por el Papa Francisco, presidida esta tarde en la Basílica de San Pedro.
En la celebración dedicada al Colegio Cardenalicio, reunidos estos días en las congregaciones que preceden al Cónclave, el purpurado ítalo-argentino se detiene en la necesidad de permanecer siempre diáconos, es decir, servidores, que deriva de la púrpura y del título de Servus Servorum Dei que la tradición atribuye al Obispo de Roma.
“El Papa Francisco lo vivió eligiendo diferentes lugares de sufrimiento y de soledad para realizar el lavatorio de los pies durante la Santa Misa in Coena Domini, pero también arrodillándose y besando los pies de los líderes de Sudán del Sur, implorando el don de la paz”.
Con el mismo estilo, «considerado escandaloso por muchos, pero fuertemente evangélico», con el que san Pablo VI, recuerda Sandri, el 4 de diciembre de hace cincuenta años en la Capilla Sixtina, se arrodilló para besar los pies de Melitón, metropolitano de Calcedonia.
El vicedecano del Colegio Cardenalicio abre su homilía subrayando que es a partir de la experiencia pascual de Cristo que «encuentra sentido el ministerio del Sucesor de Pedro, llamado en todo tiempo a vivir las palabras» de Jesús al primero de los apóstoles, recién escuchadas en el Evangelio de Lucas: «Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos». Del Papa difunto, sin ocultar su emoción, recuerda la visita a la Basílica poco antes de la Vigilia Pascual, y explica que idealmente, en los Novendiali, el Sucesor de Pedro "nos convoca para confirmarnos", porque "renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de la carne, en el perdón de los pecados, incluso los de un hombre convertido en Pontífice, y en la renovación de la conciencia de que la unidad de la historia de cada persona está en las manos de Dios".
El cardenal Sandri reitera que en la celebración de los Novendiali los cardenales confían al Señor "aquel del cual fueron los primeros colaboradores y consejeros" en la Curia romana como en las diócesis de todo el mundo. Pero también que cada uno lleve “el pueblo por el cual, y con el cual está llamado a vivir su servicio”, desde Tonga “con las islas del Pacífico hasta las estepas de Mongolia” hasta el lugar de donde vino el anuncio de la salvación, Jerusalén, y toda la nueva geografía de los Consistorios convocados por el Papa Francisco. Lugares en los que “como sucesores de los Apóstoles estamos llamados cada día a recordar y vivir con la conciencia de que “reinar es servir”, como el Maestro y Señor, que está entre nosotros como el que sirve”. Aunque divididos en tres órdenes: “obispos, presbíteros y diáconos”, todos nosotros, recuerda el vicedecano, “estamos sin embargo llamados a servir, testimoniando el Evangelio usque ad effusionem sanguinis”, ofreciéndonos “colegiadamente y como individuos, como primeros colaboradores del Sucesor del bienaventurado apóstol Pedro”.
Elogiando luego la primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, y el primer discurso del apóstol Pedro, fuera del Cenáculo, en Pentecostés poco después, el cardenal ítalo-argentino recuerda que después de la Pascua, viene "la espera del Espíritu en Pentecostés, con la plenitud del don del Espíritu, el inicio de la Iglesia".
“Estamos viviendo el paso entre la conclusión de la vida del Sucesor de Pedro, el Papa Francisco, y el cumplimiento de la promesa para que con la nueva efusión del Espíritu la Iglesia de Cristo pueda continuar su camino entre los hombres con un nuevo Pastor”.
Pero ¿qué profecía se cumple en Pentecostés?, se pregunta el cardenal Sandri. Aquella “tan querida y tan citada” por Francisco, contenida en el tercer capítulo de Joel: “Derramaré mi Espíritu sobre todos, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, vuestros ancianos soñarán sueños… Quien invoque el nombre del Señor se salvará”.
“A nuestro querido Santo Padre le encantaba repetirlo para hablar del encuentro y del diálogo entre las generaciones, de la necesidad de que los ancianos cuenten sus sueños a los jóvenes, y al mismo tiempo que estos últimos, con su energía y su visión, sepan traducirlos en realidad con la ayuda de Dios”.
El vicedecano del Colegio Cardenalicio cita las palabras del Papa Francisco: «No hay futuro sin este encuentro entre ancianos y jóvenes; no hay crecimiento sin raíces, ni florecimiento sin nuevos brotes. Nunca profecía sin memoria, nunca memoria sin profecía; y siempre encuentro».
Finalmente, recuerda la visión indicada por el Papa a su regreso a la casa del Padre en la Bula de Invocación del Jubileo, un sueño «para el que ya debemos prepararnos y que será confiado al nuevo Pontífice». Año Santo 2033, por los dos mil años de la Redención realizada mediante la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Un camino marcado por grandes etapas, subraya, durante el cual «espiritualmente todos nos convertiremos en peregrinos por los caminos de Tierra Santa, en Jerusalén», para anunciar al mundo desde el Santo Sepulcro, «esperando poder hacerlo con todos los hermanos y hermanas que un único bautismo ha consagrado», que «¡El Señor ha resucitado verdaderamente y se ha aparecido a Simón!».
Al comienzo de la liturgia, el cardenal Sandri oró al Señor para que acoja a su siervo, el Papa Francisco, en su reino y “le conceda la alegría de contemplar eternamente los misterios de la gracia y de la misericordia que él dispensó fielmente a su pueblo en la tierra”.
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