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Emocionante Via Crucis preparado por los niños en una vacía plaza de San Pedro
...y Cristo se hizo niño, y habitó entre nosotros. Y se hizo pequeño, y murió por todos. Y Cristo niño resucitó, y los mayores no lo creyeron. Y al final, cuatro niños se saltaron el protocolo y corrieron a abrazar al Papa. Un niño más en esta noche de dolor y de muerte. De oración y de esperanza.
Un niño portando el crucifijo, sobre una inmensa cruz hecha con velas, en una plaza de San Pedro casi vacía. Apenas un centenar de jóvenes acompañaron al Papa Francisco en un simbólico, intenso y emotivo Via Crucis en la basílica de San Pedro, el segundo de la pandemia.
"Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de Dios", dijo Jesús. Esta noche de muerte y desierto, fueron los ojos de los más pequeños los que ofrecieron, a toda la Cristiandad, una nueva mirada. Cruces pesadas, "que sólo tú, Señor, tomas en serio".
"Querido buen Jesús: tú sabes que en el mundo hay niños que no tienen qué comer, son explotados, obligados a ir a la guerra... Ayúdalos a cargar las cruces de cada día, ayúdalos a ser cada vez más buenos, a ser como tú los quieres", arrancó la ceremonia, en la que los chicos, acompañados por algunos de sus formadores, portaban la cruz y las antorchas alrededor del Obelisco. Al fondo, el Cristo de la peste, presidiendo, como hace ahora un año, la Statio Orbis. Bajo él, Bergoglio.
A lo largo de catorce estaciones, los niños poco a poco fueron acercándose hasta el Papa, mostrando sus miedos, sus dudas, sus peticiones, sus recuerdos. Desde el que no actuó cuando acusaron falsamente a un compañero, hasta la que vio cómo su abuelo era llevado al hospital en mitad de la pandemia, y no volvió a verlo. Situaciones de acoso, de amor con los padres, de aprendizaje, soledad, compañerismo, frustraciones, servicio, dolor... y resurrección. La retransmisión también incluyó los dibujos que muchos de ellos habían hecho para la ocasión.
Y una oración final:
Señor, Padre bueno, también este año hemos hecho memoria del Vía Crucis de tu Hijo Jesús, y lo hemos hecho con las voces y las oraciones de los niños, que Tú mismo has indicado como ejemplo para entrar en tu reino.
Ayúdanos a ser como ellos, pequeños, necesitados de todo, abiertos a la vida. Haz que volvamos a adquirir la pureza de la mirada y del corazón.
Te pedimos que bendigas y protejas a todos los niños del mundo, para que puedan crecer en edad, sabiduría y gracia, para que conozcan y sigan el proyecto de bien que Tú has pensado para cada uno.
Bendice también a los padres y a cuantos colaboran con ellos en la educación de estos hijos tuyos, para que se sientan siempre unidos a ti al dar vida y amor.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
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