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Desde su pequeño taller en la calle Borgo Pio, este maestro artesano ha confeccionado los trajes de cuatro pontífices
En la calle Borgo Pio de Roma, a pocos metros de la Puerta de Santa Ana, que da acceso al Vaticano, encontramos una tienda con historia: la de Mancinelli Clero. Este establecimiento, arraigado a la tradición romana de la sastrería eclesiástica, es un pequeño universo donde perdura un oficio antiguo gracias al maestro sastre Raniero Mancinelli, que continúa dando vida a un trabajo tan artesano como significativo.
Con una trayectoria que supera las seis décadas, Mancinelli ha tenido el privilegio de confeccionar las vestiduras para cuatro pontífices: Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y el que tendrá que salir de este cónclave. “Ya está terminado y entregado el traje para el papa que esperamos“, dice a Flama desde el escaparate de su tienda, por donde circula un flujo incesante de eclesiásticos de todo el mundo.
Mancinelli reconoce que hace este trabajo “con gran desenvoltura, atención e ilusión“. “Se trata del papa. Por lo tanto, es necesario poner más esfuerzo y atención”, relata el sastre, que habitualmente hace tres versiones previas, de diferentes medidas, para que el nuevo papa pueda escoger una inmediatamente después de ser elegido en el cónclave.
Además del prestigio de vestir al pontífice, lo que más valora Mancinelli es la vertiente espiritual de su trabajo, y se siente “feliz” de saber que en su establecimiento curas y obispos de todo el mundo “encuentran lo que necesitan para vivir su vocación”. Por eso, su tienda es mucho más que un punto de venta: es un espacio de tradición y servicio. “Desde aquí —comenta— proveemos a la Santa Sede y a la Iglesia universal, incluida la catalana”.
Fiel a su oficio y sin perder la sonrisa ante los numerosos medios que se acercan a su tienda en estos días, Mancinelli continúa trabajando entre hilos y agujas mientras el mundo está a la espera de la llegada del nuevo papa, que todavía no se sabe cuál de los tres trajes confeccionados desde este taller necesitará: "La talla que use no importa, lo que es importante es que sea un buen papa, que guste al pueblo, a la gente, al mundo", concluye el sastre, que tiene previsto escaparse hasta la plaza de San Pedro estos días para no perderse la fumata blanca que anunciará la elección del sucesor del papa Francisco.
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