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(Vatican News).- “María Asunta al cielo es signo de consuelo y esperanza, y debemos mirarla mientras somos peregrinos en la tierra, mientras experimentamos la acción del mal, como la guerra actual en Ucrania, en Sudán y en tantas otras partes de África, así como el mal de la guerra civil que sufre Sudán del Sur, un país que aún lucha por curarse de sus heridas”
Son palabras del secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, hablando a los sudsudaneses, durante la misa celebrada ayer, día de la Asunción, en la catedral de Malakal, en su segundo día de viaje por Sudán del Sur, tercera visita del cardenal a este país, tras las de julio de 2022 y febrero pasado, junto al Papa. Parolin llegó ayer a la capital, Juba, procedente de Angola, y permanecerá en Sudán del Sur hasta el jueves 17.
A los presentes en la misa, entre otros a los desplazados de Malakal y a los repatriados que huyeron del conflicto en Sudán, el cardenal les llevó la cercanía, la oración y la bendición del Papa Francisco. Les habló del vivo recuerdo que el Santo Padre tiene de su visita, y de cómo el Obispo de Roma lleva a este pueblo en su corazón, con sus dificultades y heridas, sus expectativas y esperanzas.
La crisis de refugiados en Sudán del Sur sigue siendo la mayor de África, con 2,3 millones de personas que viven dispersas en países vecinos y otros 2,2 millones de desplazados internos. El país sigue sufriendo el legado de la guerra civil, el persistente conflicto étnico y, más recientemente, los devastadores efectos del cambio climático, dejando a millones de personas necesitadas de asistencia.
"El país sigue sufriendo el legado de la guerra civil, el persistente conflicto étnico y, más recientemente, los devastadores efectos del cambio climático, dejando a millones de personas necesitadas de asistencia"
"Aquí – dijo Parolin en su homilía – han sufrido y experimentado en primera persona conflictos, tensiones, hambre, inseguridad, inundaciones, luchas étnicas, luchas de poder y juegos políticos. ¿Hasta cuándo, Señor, tendremos que sufrir todos estos males? ¿Cuándo volverán la paz y la serenidad a nuestras comunidades? Los gritos de madres, abuelas e inocentes rasgan los cielos. ¿Hasta cuándo, Señor?". El cardenal dirigió su pensamiento a los miles de desplazados y citó la "gran plaga de la venganza" que está destruyendo las comunidades.
Fue en Malakal donde, a principios de junio, 13 personas murieron durante un violento enfrentamiento intercomunitario en el interior de un campo de desplazados gestionado por la misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur, Unimiss. Un campo destinado a la protección de civiles, creado hace 10 años para albergar a unas 12.000 personas y que en diciembre pasado contaba con más de 37.000.
Parolin serenó a los fieles con sus palabras: el mal no tiene la última palabra y no siempre vence. La figura de la Asunción es garante de ello ante el mundo: es "signo de consuelo y de esperanza y hoy ilumina las tinieblas y la oscuridad de la vida". Y la esperanza es "muy necesaria" en Malakal, como en el resto del país, en el vecino Sudán y en todo el mundo.
También durante su homilía, Parolin recordó el encuentro del Papa con los desplazados en Juba, cuando Francisco les pidió que fueran semillas de esperanza, "semilla de un nuevo Sudán del Sur, semilla para el crecimiento fecundo y floreciente de este país". La invitación del Papa fue a no "responder al mal con más mal", a elegir la fraternidad y el perdón, a cultivar "un mañana mejor", a cooperar e iniciar caminos de reconciliación, con cualquiera que, aunque diferente "por etnia y origen", sigue siendo un vecino.
Anteayer, en su primer día en el país, en Juba, el secretario de Estado vaticano se había reunido con el presidente sudsudanés, Salva Kiir, y le había entregado un mensaje del Papa. Parolin y el presidente – según informaron posteriormente fuentes del gobierno local – habían discutido "una amplia gama de temas relacionados con la implementación de la paz y la preparación del país para las elecciones generales del próximo año".
Parolin había entonces "invitado al pueblo de Sudán del Sur a abrazar el espíritu de paz y reconciliación para construir una sociedad armoniosa en el país". También ayer, en la catedral de Santa Teresa de Juba, Parolin, junto con el Consejo de Iglesias de Sudán del Sur, organismo que reúne a representantes católicos, presbiterianos, pentecostales y episcopales, y después con la juventud ecuménica y con los niños del país, había plantado árboles como gesto de paz, con la intención de que fueran un poderoso símbolo de esperanza y unidad para las generaciones futuras.
Desde Malakal, Parolin concluirá su viaje con una visita a la diócesis de Rumbek, en el Estado de los Lagos.
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