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"Desde hace cuarenta años" reza la oración de Tomás Moro "para tener sentido del humor"
(Vatican News).- "Dame, Señor, una buena digestión, y también algo que digerir. Dame la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla". Es un incipit a menudo citado de una oración conocida. A Francisco le gustan mucho los versos de Tomás Moro. Y en su diálogo con Chiara Amirante dice francamente: "El sentido del humor es la actitud más humana y más cercana a la gracia de Dios".
El Papa compartió esto con la fundadora de "Nuevos Horizontes" en una conversación posterior a su visita del pasado 24 de septiembre a la "Ciudadela Cielo", centro principal de esta Comunidad, que el año pasado celebró 25 años de vida. Durante aquel diálogo, Clara Amirante le preguntó a Francisco si podía saber qué es para él la alegría, tema central del libro que la propia Clara estaba escribiendo para fijar en papel la visita del Papa a la Ciudadela que se titula, precisamente, "Dios es alegría", y que fue publicado por la Librería Editorial Vaticana y por Piemme. El Santo Padre confiesa que no tiene ningún secreto. "Desde hace cuarenta años – dice – rezo la oración de Santo Tomás Moro para tener sentido del humor", lo que va de la mano, sostiene, "la alegría cristiana".
Por otra parte, recuerda Francisco, son temas que ya ha tratado en el cuarto capítulo de su Exhortación Apostólica Gaudete et exultate. De modo que para él, experimentar la alegría no es algo separado del hecho de sentirse en paz, y afirma que ambos son dones de Dios, revelando así que este estado de ánimo lo mantiene desde el cónclave, cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de suceder y sintió una sensación de paz que descendía dentro de él. A lo que añade: “La alegría no es un sentimiento ruidoso, no significa hacer ruido, aunque a veces se exprese así”.
Y reitera que "el sentido del humor, la paz y la alegría van unidos”, si bien no conoce el secreto. Es más bien “una gracia, no la merezco pero el Señor me ayuda".
Clara Amirante le pide entonces una sugerencia para vivir en esta condición, y Francisco le responde que se la favorece aprendiendo "el despojo de sí mismo". A la vez que reconoce:
“Lo vivo como un regalo. El diablo, en mi caso, siempre trata de arruinar este estado de ánimo, pero no lo logra porque es algo tan gratuito que el Señor mismo lo conserva”.
Lo que cuenta, continúa, es hacer, como indica San Pablo, caminar "según el Espíritu" porque "el amor, la alegría y la paz son fruto del Espíritu".
También añade que lo ayuda repetir "Dios es más grande", y "sabiendo que el Espíritu es más poderoso, es como caminar con una reserva de oxígeno cuando te falta oxígeno". De ahí que repita: “La alegría es un regalo, así como la paz es un regalo”.
La aguja de la brújula para comprender interiormente si el camino es el correcto, son las "angustias", reflexionar en el examen de conciencia diario "lo que pasó en mi corazón, qué gente pasó por mi corazón, esto me ayuda a identificar las inquietudes buenas y distinguirlas de las malas, de las no buenas". La alegría es como la luz, hay una luz suave y tranquila, que te hace sentirte bien, y en cambio la luz del diablo, fuego artificial, que es fuerte y luego desaparece".
Francisco confía la oración que dirige a Dios: "Yo no puedo hacerlo, hazlo tú"
Chiara Amirante le dice que un problema puede ser custodiar la alegría cuando se está en el sufrimiento y uno se siente abrumado. Y aquí Francisco confía la oración que dirige a Dios en estas circunstancias: "Yo no puedo hacerlo, hazlo tú".
Y concluye recordando a uno de sus profesores que invitaba a sus estudiantes a mirarse al espejo por un minuto. "Cuando a veces lo he hecho", relata el Papa, "me lleva medio minuto reírme de mí mismo... ¡Reírse de uno mismo, esto es muy importante!”.
La entrevista sobre la alegría termina y permanece con el telón de fondo de Tomás Moro y su antiguo eco de la modernísima oración: “Dame un alma que no conozca el aburrimiento, la queja, los suspiros y los lamentos, y no permitas que me moleste demasiado por esa engorrosa cosa llamada ‘yo’. Dame, Señor, el sentido del humor. Dame la gracia de entender los chistes, para que pueda tener un poco de alegría en la vida y pueda comunicarla a los demás”.
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