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El Papa insta a que las finanzas favorezcan una economía de paz
(Vatican News).- Es una finanza que «ya no tiene rostro», la de este mundo globalizado, que «se ha distanciado de la gente», «que corre el riesgo de utilizar criterios usureros cuando favorece a los que ya están garantizados y excluye a los que están en dificultad y necesitarían ser apoyados con créditos».
El Papa no se anda con rodeos a la hora de reflexionar «sobre las potencialidades y contradicciones de la economía y las finanzas actuales» en su discurso a las delegaciones de la Banca Etica, Banca di Credito Cooperativo Abruzzi e Molise y Banca di Credito Cooperativo Campania Centro recibidas hoy, 16 de diciembre, en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
Frente a la realidad actual, Francisco pide la condonación de las deudas, como ya en la Spes non confundit, la bula de indicación del Jubileo de 2025, y subraya que el beneficio no debe ser el único objetivo de los bancos, de lo contrario crecerán las desigualdades y las personas serán pisoteadas.
Las finanzas sanas no degeneran en actitudes usureras, pura especulación e inversiones que dañan el medio ambiente y promueven guerras.
Francisco recorrió la historia de los bancos populares y recordó que en «muchos casos hombres y mujeres comprometidos con la comunidad eclesial promovieron y dieron vida a los Monte de Piedad, bancos, institutos de crédito cooperativo, cajas rurales» para ofrecer «oportunidades a quienes de otro modo no las tenían», hasta el punto de que en el siglo XV varias familias fueron ayudadas e integradas en las actividades económicas y sociales de las ciudades.
Aunque, con el nacimiento de los Monte de Piedad (casas de empeño), señaló que «la presencia de los pobres en la ciudad es signo de una enfermedad social», que aún hoy está muy extendida, observó el Pontífice. Entre los siglos XIX y XX, pues, «también tras la publicación de la Encíclica Rerum novarum de León XIII», gracias a la iniciativa de sacerdotes y laicos, «se desarrolló una economía ligada al territorio» y el crédito bancario apoyó diversas actividades económicas, en la agricultura, la industria y el comercio.
Hoy, sin embargo, existen varias contradicciones en un cierto modo de hacer banca y finanzas, señala el Papa.
Cuando el único criterio es el beneficio, tenemos consecuencias negativas para la economía real.
En primer lugar, hay multinacionales que trasladan sus actividades allí donde «es más fácil explotar la mano de obra», poniendo así «en dificultad a familias y comunidades» y anulando «competencias laborales construidas durante décadas», y luego está esa «finanza que recoge fondos en un lugar» desviándolos «a otras áreas con el único fin de aumentar sus propios intereses». En la práctica, el riesgo «es el alejamiento de los territorios». Y entonces «la gente se siente abandonada e instrumentalizada».
Cuando las finanzas pisotean a las personas, fomentan las desigualdades y se distancian de la vida de los territorios, traicionan su propósito. Se convierte -como yo diría- en una economía incivilizada».
Pero todavía existen, en el panorama contemporáneo, bancos que tienen en cuenta las diferentes necesidades de las personas, subrayó Francisco.
Sin sistemas financieros adecuados, capaces de incluir y fomentar la sostenibilidad, no habría desarrollo humano integral. La inversión y el apoyo al trabajo no serían posibles sin el típico papel intermediario de los bancos y el crédito, con la transparencia necesaria.
Son positivas aquellas economías y finanzas que «tienen efectos concretos en los territorios, en la comunidad civil y religiosa, en las familias», es la consideración del Papa, que se detiene en el importante papel social de los bancos.
Las instituciones bancarias tienen grandes responsabilidades para fomentar una lógica inclusiva y apoyar una economía de paz». El Jubileo, a la vuelta de la esquina, nos recuerda la necesidad de perdonar las deudas. Es la condición para generar esperanza y futuro en la vida de muchas personas, especialmente de los pobres.
Sembrar confianza: ésta es la tarea que Francisco confía a las instituciones bancarias, recomendándoles que «mantengan alto el nivel de justicia social».
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