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Audiencia a los Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
(Vatican News).- El amor a la Virgen María, la oración de sufragio y la atención a los pobres. Son los tres rasgos de la espiritualidad de los Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que el papa Francisco quiso recordar al recibirlos en el Vaticano, con ocasión del Capítulo General que celebran en el contexto del 350 aniversario de la fundación en Polonia (1670) de su instituto.
Las enseñanzas de San Estanislao, fundador del Instituto, sobre la devoción mariana, dicen que “el principal culto a la Inmaculada es “la imitación de su vida evangélica”. “Esto es importante”, les dijo el Santo Padre, “porque la verdadera devoción a la Madre del Señor se alimenta y crece con la escucha y la meditación de la Palabra de Dios: María es la Mujer del Evangelio”.
Sobre la oración de sufragio, que “caracteriza la dimensión escatológica” de la congregación, el Papa recordó que San Estanislao, insertó en esta visión del “horizonte último” una oración especial por dos grandes grupos de pobres de su tiempo: los soldados caídos en batalla y los muertos por la peste. "Hoy -dijo- esta es necesaria para los soldados". “Piénsese –continuó indicando- que, en el siglo XVII, cerca del 60% de la población europea fue exterminada por epidemias y guerras. Entonces era necesario rezar por las almas de los difuntos y por el consuelo de las familias y las comunidades, marcadas por el dolor y el luto por la pérdida de sus seres queridos”.
Acerca del tercer rasgo, la atención a los pobres, Francisco quiso destacar cómo los clérigos marianos, particularmente en apoyo de los párrocos, contribuyeron a dar respuesta a algunos graves problemas de la época tales como el debilitamiento de la fe, especialmente entre las clases más humildes, la escasez de vocaciones sacerdotales y religiosas y el estado de pobreza de gran parte de la población.
Recordados estos tres rasgos de la espiritualidad y de la acción de San Estanislao, el Pontífice animó a los clérigos a que sigan respondiendo “creativamente” a los desafíos que también nuestra época presenta. No se desanimen –les pidió– si encuentran oposición o dificultades. Y los invitó a pensar en “las grandes pruebas que su familia religiosa afrontó a lo largo de los siglos”, por ejemplo, cuando se redujo a un solo miembro a principios del siglo XX.
A la comunidad, que hoy en día está compuesta por unos quinientos religiosos presentes en diecinueve países del mundo, los animó también a “mantener viva la fidelidad a sus orígenes”, tal como lo hizo el beato Jorge Matulaitis, que “supo revitalizar la comunidad actualizando sus Constituciones y promoviendo su labor sin miedo, hasta el punto de tener que actuar en la clandestinidad y arriesgarse a ser arrestado”, pero “sin renunciar nunca a promover la caridad y la unidad entre los religiosos y los fieles”.
A propósito de esta última exhortación, el Papa expresó también su reconocimiento por la labor que, al respecto, los clérigos han situado entre sus prioridades: la apertura a los laicos, la protección de la vida desde la concepción hasta la muerte, la atención a los últimos y el apoyo a las familias en dificultad. Y, antes de despedirse y de impartirles su bendición, el Sumo Pontífice retomó “tres advocaciones marianas con las que san Juan Pablo II les invitó a venerar a la Inmaculada Concepción”:
“María "Sede de la Sabiduría", para que su testimonio del Evangelio sea firme y sólido; María "Consuelo de los afligidos", para que los hombres de nuestro tiempo encuentren en ustedes amor y comprensión, y se sientan atraídos hacia Dios por su caridad y su servicio desinteresado; y tercero, María "Madre de Misericordia", para que sean ricos en compasión maternal por las almas redimidas por la sangre de Cristo y que les han sido confiadas.”
No olviden el estilo de Dios -les pidió por último el Santo Padre-: cercanía, misericordia y ternura. Así debe ser un sacerdote: cercano, misericordioso -perdonar todo- , y tierno, no agresivo, con la caridad paciente de todos los días.
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