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El Secretario reclama abordar eficazmente la intolerancia y la discriminación religiosa ante a OSCE
(Vatican News).- "Grave preocupación": este es el sentimiento expresado, en nombre de la Santa Sede, por Monseñor Gallagher "ante el creciente número de ataques terroristas, crímenes de odio y otras manifestaciones de intolerancia hacia las personas, lugares de culto, cementerios y sitios religiosos en toda el área de la OSCE y fuera de ella". Lo que hace que muchos de estos actos de violencia sean "particularmente atroces", dijo el prelado, es el hecho de que se perpetren contra creyentes "reunidos para rezar": al hacerlo, los lugares de culto, "paraísos de paz y serenidad", se convierten en "lugares de ejecución, mientras que niños, mujeres y hombres indefensos pierden la vida simplemente porque se han reunido para practicar su religión".
"Y aún más lamentable" -señaló el prelado- es que algunos de estos repugnantes ataques se cometen en nombre de la religión.
De ahí el fuerte llamamiento del representante del Vaticano: "La violencia no deriva de la religión, sino de su falsa interpretación o de su transformación en ideología. La violencia, la persecución y la matanza en nombre de Dios no son religión, sino radicalismo, que debe ser combatido por todos por todos los medios legítimos".
"El derecho humano universal es factor fundamental para la seguridad dentro de un Estado", dijo Monseñor Gallagher. "La libertad de religión y creencia debe ser protegida y su protección tiene, como consecuencia directa, la salvaguarda de los lugares de culto".
Por esta razón, la OSCE debe "abordar eficazmente la intolerancia y la discriminación contra los cristianos, los judíos, los musulmanes y los miembros de otras religiones sin prejuicios ni jerarquías, abordando los delitos motivados por el odio y las necesidades de seguridad de todas las comunidades religiosas". "Debemos permanecer vigilantes", fue la advertencia del prelado, porque "los cristianos siguen sufriendo prejuicios, intolerancia, discriminación y violencia".
Al mismo tiempo, el representante del Vaticano consideró otros "desafíos que aún pesan sobre la seguridad común", como los llamados "conflictos congelados" que han durado décadas y "requieren una solución". Desde esta perspectiva, la Santa Sede alienta "a que se siga trabajando por la paz y la justicia" y apoya "el diálogo y el respeto del derecho internacional como instrumento de resolución de conflictos".
Asimismo, Monseñor Gallagher pidió a los Estados miembros de la OSCE que cumplieran sus compromisos, ya que esto es una señal de respeto y aprecio hacia la propia Organización. "El cumplimiento de los compromisos de buena fe -subrayó el prelado- es también esencial para evitar que se modifiquen, anulen o transformen a través de una 'interpretación' impropia, socavando la regla del consenso, pilar esencial de la OSCE".
En su discurso, el Secretario de Relaciones con los Estados se refirió a la pandemia del Covid-19 y sus graves repercusiones en la sociedad. Entre ellas, el representante del Vaticano mencionó la aparición de "nuevas formas de pobreza", "los efectos duraderos de la crisis económica", "la falta de acceso a una información y una educación correctas", así como el sufrimiento causado por el aislamiento social y el aumento de la violencia, especialmente en las personas más vulnerables, incluidas las mujeres. Sobre ellos -añadió Monseñor Gallagher- la pandemia tiene "un efecto desproporcionado", vinculado a la falta de protección económica y seguridad personal, particularmente evidente "en el sector laboral informal".
Pero eso no es todo: el Secretario de Estado de Relaciones con los Estados ha destacado cómo algunas de las medidas impuestas por los países para luchar contra la pandemia han tenido "profundas ramificaciones en varias libertades fundamentales, incluida la libertad de manifestar la propia religión o creencia, limitando también las actividades educativas y caritativas de las comunidades religiosas".
Por ello, el prelado instó a las autoridades civiles a que "sean siempre conscientes de las graves consecuencias que esas normas entrañan para las comunidades religiosas o de creyentes", ya que desempeñan "un importante papel para hacer frente a la crisis" en los ámbitos sanitario, social, espiritual y moral, "con mensajes de solidaridad y esperanza".
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