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Un nuevo espacio expositivo en la cripta de la basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina
(Vatican News).- La casulla de Monseñor Óscar Romero asesinado en San Salvador en 1980 y la estola de Don Pino Puglisi, asesinado por la mafia en Palermo en 1993. El libro de oraciones de Maximiliano Kolbe, muerto en Auschwitz, las herramientas con las que Carlos de Foucauld construyó su ermita en el Sáhara, pero también el breviario del padre Jacques Hamel asesinado por yihadistas en Francia en 2016 y los objetos litúrgicos del arzobispo caldeo Bulos Faraj Rahho y del sacerdote caldeo Ragheed Aziz Ghanni asesinado en Mosul por el Estado Islámico. Estas son algunas de las reliquias y objetos personales procedentes de todos los continentes que se exponen en el "Memorial de los Nuevos Mártires", inaugurado en Roma en la basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina por iniciativa de la Comunidad de San Egidio.
Tras el Jubileo del año 2000, fue San Juan Pablo II quien quiso que la basílica de la Isla Tiberina se convirtiera en un lugar de recuerdo para los mártires del siglo XX, víctimas sobre todo del totalitarismos nazi y comunista. A lo largo de los años, cientos de reliquias han sido donadas y expuestas en las capillas de la iglesia y ahora, tras años de trabajos de restauración y preparación, recordó el párroco Don Angelo Romano, se ha abierto un nuevo espacio expositivo en la cripta de la basílica, en lo que fue el emplazamiento de un templo y un pozo dedicados al dios de la medicina Esculapio en la antigua Roma. Decenas de objetos y testimonios organizados según criterios geográficos para mostrar cómo en todos los lugares del mundo, aún hoy, la gente arriesga su vida por su fe en Cristo.
"Nunca en la historia de la Iglesia hemos tenido tantos perseguidos a causa del Evangelio", reiteró el Cardenal Vicario Angelo De Donatis, subrayando cuál es el vínculo especial de la ciudad de Roma no sólo con los mártires de las primeras comunidades cristianas, sino con todo aquel que pierde la vida por su Fe en Cristo.
"Hay una continuidad. La Iglesia de Roma siempre ha venerado a los mártires, pero también hoy hay muchos mártires", explica a Vatican News. "Juan Pablo II quiso este lugar precisamente para que la gente pudiera ver por sí misma cómo el martirio sigue siendo una realidad en la Iglesia de hoy. Hay tantas zonas en el mundo", dice el cardenal, "donde los cristianos son perseguidos y en algunas situaciones de forma hipócrita, no manifiesta. Ésta es la realidad que se vive todavía hoy".
"Me parece muy oportuno que se haya valorizado este memorial de los mártires, que ya está presente en la basílica de San Bartolomé desde hace muchos años", comentó monseñor Fabio Fabene, secretario del Dicasterio para las Causas de los Santos.
"Verdaderamente aquí, como dice el Papa, tocamos lo que es el martirio de sangre que nos une a todos los bautizados, más allá de las distintas confesiones. Es impresionante -subraya- ver a través de las imágenes, de los escritos, de sus recuerdos, cómo lo concreto del testimonio cristiano es la entrega de la vida de tantos hermanos y hermanas nuestros que, especialmente en los siglos XX y XXI, fueron martirizados. Aquí podemos experimentar verdaderamente las palabras del Papa que nos dice que nuestro tiempo sigue siendo tiempo de mártires".
El mismo Fabene, anunció, en vista del Jubileo de 2025 la creación de una Comisión para recoger "nombres y testimonios de personas que", en las últimas décadas, "con su ejemplo y su sangre derramada han edificado la Iglesia".
Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio -a la que la Iglesia está confiada desde 1993- recordó, en la conferencia de presentación, precisamente el papel de San Juan Pablo II en la elección de la Basílica, que también han visitado Benedicto XVI y Francisco, como lugar simbólico del martirio.
El Papa Wojtyla, subrayó Riccardi, "conocía bien el martirio" y contribuyó a revelar al mundo cómo el de los mártires no fue sólo una experiencia ligada a los primeros siglos del cristianismo, sino un drama que acompañó a todo el siglo XX, desde los armenios a principios de siglo hasta los cristianos de Rusia y Europa del Este durante el comunismo.
Por su parte, el Prefecto Fabrizio Gallo, del Fondo italiano para los edificios de culto, propietario de la Basílica, destacó en su discurso que gracias al Plan nacional de recuperación y resiliencia, en el futuro muchas iglesias italianas serán objeto de grandes obras.
También ha realizado una importante aportación económica a las obras del Memorial de los Nuevos Mártires la archidiócesis de Chicago, presidida por el cardenal Blase Cupich, titular de San Bartolomé en la isla. "Este memorial de los nuevos mártires es un símbolo para todos los cristianos y un recordatorio de que la vida cristiana debe dar testimonio cada día del Evangelio y de Cristo resucitado". El deseo del cardenal es que todos los cristianos y los católicos puedan visitarlo.
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