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Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida
(Vatican News).- “Con esta Carta el Papa entra en nuestra vida cotidiana, entra en las dinámicas familiares, casi tomándonos de la mano para animarnos y no hacernos sentir solos en este camino y además, exhorta a los jóvenes a que se casen, a que confíen en la gracia que invade a la pareja, que la sostiene durante toda su vida”
Lo dijo Gabriella Gambino, Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, comentando la reciente publicación de la Carta que el Santo Padre envió a los esposos de todo el mundo, con motivo del Año “Familia Amoris laetitia”.
La Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, dialogando con nuestra colega del programa italiano de Vatican News, Gabriella Ceraso, señaló que lo que más le impresiona de las palabras del Papa en la Carta a los esposos – que fue publicado en la Fiesta de la Sagrada Familia, este 26 de diciembre – es “la ternura de su tono, el afecto que quiere expresar a las familias en un momento tan complejo dominado por la pandemia”.
Asimismo, Gabriella Gambino recordó que, hoy hay muchas familias que atraviesan crisis y dificultades de todo tipo, a las que el Papa dirige su mirada paternal. “Pero, me llama especialmente la atención – subrayó la Subsecretaria – la preocupación que presta al sacramento del matrimonio, la belleza de este don, tan difícil de entender para los jóvenes, hoy reside en la presencia de Cristo que habita en las familias, en medio de nuestra vida cotidiana”.
Básicamente, el Papa nos recuerda que como cristianos no podemos renunciar a proponer a los jóvenes el ideal del matrimonio, es decir, el plan de Dios en toda su grandeza, no hacerlo sería una falta de amor de la Iglesia hacia los jóvenes y el Santo Padre nos lo dice también en Amoris laetitia.
¿Cuáles son los frutos que se han producido en este Año Familia Amoris Laetitia?
R.- Sin duda, diría que todas las iniciativas que el mundo esta dando a conocer a nuestro Dicasterio y también todas las que no nos llegan desde que el Papa nos ha dado este impulso, son muchísimas las parroquias, las diócesis, incluso los colegios, las universidades, que nos escriben para contarnos lo que hacen en respuesta a la llamada del Santo Padre. Por ejemplo, acompañar a las familias y a los matrimonios, a las situaciones más frágiles, a las nuevas uniones en las que se busca el construir.
Se ha puesto en marcha un proceso de creatividad pastoral, que también está conduciendo a una mayor comunión entre los pastores y las familias para aprender a escucharse mutuamente y potenciar el papel de las familias y de los matrimonios en la Iglesia. Claro que no es fácil, pero, en todas partes se ven las ganas de salir adelante, de tratar de entender como se camina juntos y también de acompañar las situaciones más difíciles, las que antes se dejaban un poco de lado.
Las familias son realmente un bien para la Iglesia, pero en muchos casos, en muchos contextos, todavía tenemos que entender como poner en práctica esta importante afirmación.
¿De qué modo la preparación del Encuentro Mundial de las Familias se entrelaza con el proceso sinodal?
R.- Amoris laetitia es el hilo rojo que nos lleva la Encuentro Mundial, nos pide que discernamos el estilo y el modo de realizar nuestro servicio pastoral. El Santo Padre nos invita, ahora, a enmarcar en este camino sinodal de la Iglesia a través de la comunión, la participación y la misión de cada componente del pueblo de Dios, incluida las familias. Entonces, pastores y familias juntos bajo la guía del Espíritu, pero el tema es cómo hacerlo.
Sería interesante, por ejemplo, en este tiempo de camino sinodal y al mismo tiempo de preparación del Encuentro Mundial, intentar combinar el proceso de discernimiento eclesial, partiendo también de la relación Iglesia–familia, haciéndonos preguntas un poco diferentes a las que estamos acostumbrados. Por ejemplo: ¿Cómo puede la familia ayudar a la Iglesia a ser más sinodal? ¿Qué puede aprender la Iglesia del modo familiar de discernir, escuchar y acoger? O por ejemplo, ¿Qué puede aprender la Iglesia del modo en que los padres, los hijos y los hermanos intentan amarse con sus fragilidades, conflictos y puntos de vista diferentes?
Estas y otras cuestiones podrían abrir, creo, una nueva forma de pensar la pastoral, un estilo diferente, una comunión más concreta entre familias e Iglesia, no solo eso, sino que creo que se iniciaría un nuevo proceso de discernimiento más allá de la conclusión del Año de la Familia con el Encuentro Mundial, podría continuar al menos hasta el Sínodo continuando con el estímulo de la Pastoral Familiar en todo el mundo.
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