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El cardenal vicario dirigió el rosario en sufragio por el Papa Francisco
(Vatican News).- «Creo que todos tenemos todavía en el corazón las palabras que tantas veces nos ha dirigido el Papa Francisco, su invitación: “No os olvidéis de rezar por mí”. «Queremos hacerlo con claridad esta tarde para acompañarlo en su Pascua». Con estas palabras el cardenal Mauro Gambetti introdujo ayer tarde, 21 de abril, Lunes de Pascua, en la Plaza de San Pedro, el Rosario en sufragio por el Papa Francisco, que regresó a los brazos del Padre a las 19.35 de ayer por la mañana, en su apartamento de la Casa Santa Marta.
«En la fe en Cristo resucitado, a quien celebramos en este santo día de Pascua», subrayó el cardenal, «sabemos que la muerte no es una puerta que se cierra, sino la entrada a la Jerusalén celestial, donde el luto se transforma en danza y el cilicio en manto de alegría». De ahí la invitación del Cardenal Vicario a “dar gracias al Señor por los dones que ha donado a toda la Iglesia con el ministerio apostólico del Papa Francisco, peregrino de esperanza que no defrauda”.
Como sucedió entre febrero y marzo, durante la larga hospitalización del Papa en el Policlínico “Gemelli” de Roma a causa de una neumonía bilateral, esta tarde también muchos fieles se reunieron en oración en el espacio abrazado por la columnata de Bernini. Doce mil personas estuvieron presentes, pero muchas otras se conectaron a través de los medios de comunicación:
«Hermanos y hermanas dispersos por todo el mundo», destacó el cardenal, quienes no dejaron de ofrecer sus oraciones, formando «todo el rebaño de Cristo, el Buen Pastor, que reza por el Papa Francisco, contemplando los gloriosos misterios de nuestro Salvador». A continuación, el arcipreste de la Basílica Vaticana encomendó al difunto Pontífice «al Padre Misericordioso, en comunión con María, Madre de la Iglesia, Reina del Cielo, y por intercesión del Apóstol Pedro».
Ante la imagen de María Mater Ecclesiae colocada en la plaza exterior de la Basílica de San Pedro y adornada con un ramo de flores blancas y rosas, el cardenal Gambetti dirigió la oración mariana para encomendar al difunto 266º Sucesor de Pedro a la intercesión de la Virgen. Gran emoción hubo en la plaza, después de una intensa jornada que vio a fieles de diversas partes del mundo peregrinar a la Basílica Vaticana y quedar atónitos, consternados por la noticia de la muerte del obispo de Roma. La brisa de la tarde mecía suavemente las cuentas del rosario y las llamas de las antorchas que portaban los fieles. Entre los lectores que se turnaron al micrófono estaban sor Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y sor Alessandra Smerilli, secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
Después de meditar los Misterios Gloriosos, el celebrante invocó a Dios “grande en el amor”, dándole gracias “por los dones concedidos a la Iglesia a través del ministerio apostólico del Papa Francisco”; y al mismo Pontífice difunto, testigo del Señor y de su «ternura por los pequeños y los pobres, misericordia por los pecadores y benevolencia hacia todos». Finalmente, cuando el cielo de Roma se oscurecía poco a poco con el crepúsculo, la asamblea entonó la Salve Regina y fue despedida por el cardenal Gambetti con una bendición, seguida de un aplauso sereno.
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