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El prelado, de visita en la India, celebra el legado de Mar Ivanios
(Vatican News).- Una unidad que «no sea uniformidad, sino comunión: una armonía que respete la diversidad promoviendo el amor y la comprensión mutuos». Este es el legado «más actual que nunca» que dejó el venerable siervo de Dios Mar Ivanios (1882-1953) para «el mundo actual, donde las divisiones y los conflictos suelen dominar las noticias».
Así lo afirmó el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, durante la «Holy Qurbana» celebrada ayer, 15 de julio, en Trivandrum, con motivo de la 72ª Jornada dedicada a este pastor que desempeñó un papel clave en el restablecimiento de la comunión de la Iglesia siro-malankara con Roma. «Un momento de fe, unidad y reconocimiento de su herencia espiritual», escribe la Secretaría de Estado en la cuenta X @TerzaLoggia.
Gallagher, que se encuentra en la India del 13 al 19 de julio en una visita destinada a consolidar y reforzar los lazos de amistad y colaboración, centró su reflexión en la figura de Geevarghese Thomas Panickaruveetil —este es su nombre de nacimiento—, fundador de las congregaciones de la Orden de la Imitación de Cristo (Bethany Ashram) y de las Hermanas de la Imitación de Cristo (Bethany Madhom). A pesar de tener que enfrentarse a muchas dificultades internas y externas, hace 95 años tomó la «valiente decisión» de llevar a la comunidad siro-malankara a la plena comunión con Roma. Un «momento histórico», dijo el prelado, no solo para el estado indio de Kerala, sino también para la Iglesia universal, porque no se trataba «simplemente de un acto administrativo», sino de una «profunda declaración espiritual y eclesial sobre la unidad de todos los cristianos, arraigada en la persona de Jesús».
En presencia del cardenal Cleemis Baselios, arzobispo mayor de Trivandrum de los siro-malankareses y de los prelados de esta Iglesia, Gallagher se detuvo largamente en el concepto de unidad, definiendo el ejemplo encarnado por Mar Ivanios como un desafío «a mirar más allá de nuestras diferencias», a buscar «el terreno común de la fe en Cristo», a «construir puentes en todas partes». Que él «nos guíe: en nuestras familias, parroquias, escuelas y sociedades, cultivando la reconciliación y la paz», conscientes de que la verdadera unidad no puede imponerse por la fuerza, sino que debe nacer «del corazón del Evangelio».
Según el obispo, las enseñanzas, la vida y las obras de este «apóstol de la unidad» ofrecen una «sabiduría atemporal» capaz de guiar en el camino espiritual y en la vida cotidiana: como testigo de una fe «dinámica y transformadora», su compromiso con la unidad no estuvo exento de controversias o dificultades, «sin embargo, su inquebrantable fidelidad al Evangelio y a la unidad de la Iglesia le dieron la fuerza para perseverar». Del mismo modo, vivir auténticamente nuestra fe puede requerir «decisiones difíciles y sacrificios» y exigir ser «testigos valientes de Cristo» en las familias, los lugares de trabajo y la sociedad, a pesar de las dificultades.
Además, el secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales destacó otro pilar del ministerio del arzobispo indio: la atención a la educación «transformadora», capaz de formar «a la persona en su totalidad», y la apertura de la educación a las mujeres en una época en la que esto no era habitual.
Refiriéndose a las lecturas de la liturgia, Gallagher exaltó «la continuidad de la fe que atraviesa las generaciones», el papel de los «testigos santos», fundamental para alimentar la fe, y una espiritualidad arraigada en el culto eucarístico y en el sacrificio de la cruz. Por último, la oración, verdadero «fundamento» de la vida de Mar Ivanios, sin la cual las acciones pierden «sentido y dirección», porque es en la oración donde se recibe la fuerza, la sabiduría y la paz para afrontar los retos de la vida.
Al promover «la unidad en la diversidad», señaló el arzobispo, el ejemplo del venerable siervo de Dios muestra que dicha unidad «es posible cuando está arraigada en el amor y la verdad». Por lo tanto, concluyó Gallagher, cada individuo está llamado a ser «artífice de paz, constructor de puentes y testigo del Evangelio», sin olvidar que «la verdadera unidad incluye la justicia y la compasión por los que sufren».
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