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El observador permanente del Vaticano interviene ante la ONU en Nueva York
(Vatican News).- "La pobreza puede causar y agravar una serie de problemas sociales que afectan a las mujeres y a las niñas", por eso hay que erradicar la pobreza si se quiere lograr en el mundo la igualdad entre mujeres y hombres y su acceso igualitario a derechos y oportunidades. Esta fue la reflexión que centró el discurso que el Observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, monseñor Gabriele Caccia pronunció, ayer, en Nueva York, durante la 68ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer sobre el tema: "Acelerar el logro de la igualdad entre los géneros y la autonomía de todas las mujeres y las niñas combatiendo la pobreza y fortaleciendo las instituciones y la financiación con una perspectiva de género".
La declaración del arzobispo parte de la constatación de la realidad de que, a pesar de los compromisos adquiridos por todos los Estados en materia de derechos de la mujer, todavía se está muy lejos de conseguirlos. "En muchos países, las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda clase", afirma Caccia, citando el discurso del Papa Francisco en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunciado el 9 de enero de 2023. En un contexto en el que a muchas mujeres se les sigue negando el derecho al estudio, al trabajo, a los cuidados e incluso a la alimentación, afirma el observador vaticano, "mi delegación debe hacer constar su profunda preocupación por el hecho de que una de cada diez mujeres viva en la pobreza extrema y de que no estemos en vías de alcanzar el ODS 1". Acabar con todas las formas de pobreza para 2030 es, de hecho, el objetivo número uno de la Agenda de Desarrollo adoptada por la ONU.
"Mi delegación debe hacer constar su profunda preocupación por el hecho de que una de cada diez mujeres viva en la pobreza extrema y de que no estemos en vías de alcanzar el ODS 1"
Muchas formas de pobreza y privación afectan en particular a las mujeres, impidiéndoles "alcanzar su potencial": la vivienda inadecuada, la mala alimentación, la falta de saneamiento adecuado "representan riesgos únicos", al igual que la malnutrición, que "puede tener efectos a largo plazo en la salud de las mujeres y las niñas, incluida la futura maternidad, además de repercutir negativamente en el aprendizaje".
Las consecuencias de la falta de educación también son graves. Mons. Caccia enumera algunas de ellas: "Sin educación, las niñas y las mujeres permanecen atrapadas en la ignorancia y la pobreza. Las niñas sin educación también corren un mayor riesgo de sufrir abusos sexuales y matrimonio infantil". "Es esencial -continúa el arzobispo- promover la importancia de la educación tanto para las niñas como para los niños y comprometer y educar a las familias y comunidades sobre los perjuicios del trabajo infantil y el matrimonio infantil. Estas prácticas persistirán mientras las privaciones lleven a tomar decisiones desesperadas".
Un capítulo importante es también el de la falta de acceso de las mujeres a la atención sanitaria, con consecuencias para su salud y su maternidad. El delegado vaticano señala: "Un área de profunda preocupación para mi delegación es la falta de progreso en la reducción de la mortalidad materna desde 2015, con 800 mujeres que siguen muriendo cada día por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto." Frente al escaso acceso a la atención, Caccia denuncia "la creciente presión en los foros internacionales para promover la llamada salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos". La interrupción del embarazo, señala, es a menudo para las mujeres una elección determinada por "la falta de apoyo económico y social" y "esto no es verdadera libertad e igualdad". No, por tanto, a la banalización del aborto que 'revela a menudo una falta de voluntad y de compromiso para proteger y preservar verdaderamente a las mujeres' de la explotación, la violencia y la pobreza.
El discurso del Observador permanente del Vaticano concluye recordando que en el corazón de la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín, adoptadas en 1995 al término de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, está precisamente el compromiso con la superación de la pobreza y el progreso en los ámbitos de la educación y el trabajo femenino. Casi treinta años después, afirma, "la Santa Sede renueva su apoyo a estas cuestiones, que siguen siendo fundamentales para lograr la igualdad de las mujeres y las niñas".
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