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El Papa muestra su preocupación por la situación de guerra en Sudán del Sur y Sudán
"Como un tiempo de curación". Así confiesa estar viviendo el papa Francisco este tiempo de Cuaresma, "en el alma y en el cuerpo", según ha señalado este mediodía a través del texto del ángelus que ha difundido en su nombre la Sala Stampa correspondiente a este IV Domingo de Cuaresma. Por esta razón, el Papa agradece "de corazón a todos aquellos que, a imagen del Salvador, son instrumentos de curación para los demás con su palabra y con su ciencia, con el cariño y con la oración". "La fragilidad y la enfermedad son experiencias que todos tenemos en común; pero más aún somos hermanos en la salvación que Cristo nos ha dado", añade el Pontífice.
Además de glosar el evangelio dominical, como es habitual, el Papa reitera igualmente sus habituales llamamientos a la paz "en la atormentada Ucrania, en Palestina, en Israel, en el Líbano, en la República Democrática del Congo y en Myanmar, que también sufre mucho por el terremoto".
Pero en esta ocasión, Francisco se detiene especialmente en el continente africano. "Sigo con preocupación la situación en Sudán del Sur. Renuevo mi más sincero llamamiento a todos los dirigentes para que hagan todo lo posible por reducir la tensión en el país. Necesitamos dejar de lado las diferencias y, con valentía y responsabilidad, sentarnos alrededor de una mesa e iniciar un diálogo constructivo. Sólo así será posible aliviar el sufrimiento de la querida población de Sudán del Sur y construir un futuro de paz y estabilidad".
Acto seguido, añade Francisco: "Y en Sudán la guerra sigue cobrándose víctimas inocentes. Insto a las partes en el conflicto a que antepongan la protección de las vidas de sus hermanos civiles; y espero que se inicien lo antes posible nuevas negociaciones que puedan garantizar una solución duradera a la crisis. Que la comunidad internacional incremente sus esfuerzos para hacer frente a esta terrible catástrofe humanitaria".
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En el evangelio de hoy (Lc 15,1-3.11-32) Jesús se da cuenta de que los fariseos, en lugar de estar felices porque los pecadores se acercan a Él, se escandalizan y murmuran a sus espaldas. Luego Jesús les habla de un padre que tiene dos hijos: uno se va de casa pero luego, quedando en la pobreza, regresa y es acogido con alegría; el otro, el hijo "obediente", desdeñoso de su padre, no quiere entrar en el partido.
Jesús revela así el corazón de Dios: siempre misericordioso con todos; sana nuestras heridas para que podamos amarnos como hermanos.
Queridos, vivamos esta Cuaresma, más aún en el Jubileo, como un tiempo de curación.
Yo también lo estoy viviendo así, en el alma y en el cuerpo. Por eso agradezco de corazón a todos aquellos que, a imagen del Salvador, son instrumentos de curación para los demás con su palabra y con su ciencia, con el cariño y con la oración. La fragilidad y la enfermedad son experiencias que todos tenemos en común; pero más aún somos hermanos en la salvación que Cristo nos ha dado.
Confiando en la misericordia de Dios Padre, seguimos orando por la paz: en la atormentada Ucrania, en Palestina, en Israel, en el Líbano, en la República Democrática del Congo y en Myanmar, que también sufre mucho por el terremoto.
Sigo con preocupación la situación en Sudán del Sur. Renuevo mi más sincero llamamiento a todos los dirigentes para que hagan todo lo posible por reducir la tensión en el país. Necesitamos dejar de lado las diferencias y, con valentía y responsabilidad, sentarnos alrededor de una mesa e iniciar un diálogo constructivo. Sólo así será posible aliviar el sufrimiento de la querida población de Sudán del Sur y construir un futuro de paz y estabilidad.
Y en Sudán la guerra sigue cobrándose víctimas inocentes. Insto a las partes en el conflicto a que antepongan la protección de las vidas de sus hermanos civiles; y espero que se inicien lo antes posible nuevas negociaciones que puedan garantizar una solución duradera a la crisis. Que la comunidad internacional incremente sus esfuerzos para hacer frente a esta terrible catástrofe humanitaria.
Gracias a Dios, también hay hechos positivos: cito, por ejemplo, la ratificación del Acuerdo sobre la delimitación de la frontera entre Tayikistán y Kirguistán, que representa un excelente resultado diplomático. Animo a ambos países a continuar por este camino.
Que María, Madre de misericordia, ayude a la familia humana a reconciliarse en paz.
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