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El Papa, junto con los miembros de la Curia, comienza esta tarde los ejercicios espirituales
"Cuando entramos en el desierto interior, podemos encontrarnos con fieras y ángeles", señaló, de forma simbólica hoy el Papa en el ángelus de este primer domingo de Cuaresma, glosando el texto evangélicos que presenta a Jesús siendo tentado en el desierto.
Quiso poner nombre Francisco a esas "fieras" del alma: "Los diversos vicios, el ansia de riqueza, que aprisiona en el cálculo y la insatisfacción, la vanidad del placer, que condena a la inquietud y la soledad, y de nuevo la codicia de la fama". "Son bestias 'selváticas' -añadió- y como tales, hay que domarlas y combatirlas: de lo contrario, devorarán nuestra libertad".
Por el contrario, "los espíritus angélicos recuerdan los buenos pensamientos y sentimientos sugeridos por el Espíritu Santo. Mientras las tentaciones nos desgarran, las buenas inspiraciones divinas nos unifican en armonía", indicó el Papa desde el balcón apostólico ante una multitud que le escuchaba en una soledad mañana en la plaza de San Pedro.
"Mientras movemos los primeros pasos en el camino cuaresmal, planteémonos dos preguntas. Primera: ¿cuáles son las pasiones desordenadas, las 'fieras' que se agitan en mi corazón? Es bueno reconocerlas, nombrarlas, comprender sus tácticas. Y un segundo interrogante: para dejar que la voz de Dios hable a mi corazón y lo custodie en el bien, ¿pienso retirarme un poco al 'desierto', es decir, dedicar un espacio al silencio, a la oración, a la adoración, a la escucha de la Palabra de Dios?".
Finalmente, y tras la oración del ángelus, Francisco volvió a reclamar con pasión el fin de las guerras que asolan el mundo. En concreto, se refirió al conflicto que estalló, hace ya diez meses, en Sudán. "Pido a las parte beligerantes que paren esta guerra, que hace tanto mal a la gente".
El Papa denunció de nuevo "la violencia contra poblaciones inermes y la destrucción de estructuras", y pidió rezar y no olvidar "tantos otros conflictos en distintos lugares del mundo, en Europa, en Ucrania, en Palestina, en Israel, porque la guerra es siempre una derrota, es inútil, solo lleva destrucción y muerte y nunca traerá la solución del problema". "Las poblaciones están cansadas de la guerra", afirmó
Finalmente, Francisco anunció que en la tarde de este domingo, junto con los colaboradores de la Curia vaticana, comenzará los ejercicios espirituales de Cuaresma.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presenta Jesús tentado en el desierto (cfr Mc 1,12-15). El texto dice: «...al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás». También nosotros en Cuaresma somos invitados a “entrar en el desierto”, o sea en el silencio, en el mundo interior, a la escucha del corazón, en contacto con la verdad. En el desierto – añade el Evangelio de hoy – Cristo «Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.» (v. 13). Fieras y ángeles eran su compañía. Pero, en un sentido simbólico, son también nuestra compañía: cuando entramos en el desierto interior, de hecho, podemos encontrarnos con fieras y ángeles.
Fieras. ¿En que sentido? En la vida espiritual podemos pensarlas como las pasiones desordenadas que dividen nuestro corazón, tratando de poseerlo. Nos cautivan, parecen seductores, pero, si no tenemos cuidado, corren el riesgo de destrozarnos. Podemos dar nombres a estas "fieras" del alma: los diversos vicios, el ansia de riqueza, que aprisiona en el cálculo y la insatisfacción, la vanidad del placer, que condena a la inquietud y la soledad, y de nuevo la codicia de la fama, que genera inseguridad y una necesidad constante de confirmación y protagonismo, y así siguiendo. Son bestias “selváticas” y como tales, hay que domarlas y combatirlas: de lo contrario, devorarán nuestra libertad. Es necesario entrar en el desierto, para darse cuenta de su presencia y enfrentarse a ellas. Y la Cuaresma es el momento para hacer esto.
Y luego los ángeles. Ellos son mensajeros de Dios, que nos ayudan, nos hacen el bien; de hecho, su característica según el Evangelio es el servicio (cf.v.13): exactamente lo contrario de la posesión, típica de las pasiones de las que hablamos antes. Los espíritus angélicos, en cambio, recuerdan los buenos pensamientos y sentimientos sugeridos por el Espíritu Santo. Mientras las tentaciones nos desgarran, las buenas inspiraciones divinas nos unifican en armonía: apagan el corazón, infunden el sabor de Cristo, “el sabor del Cielo”. Así vuelven al alma el orden y la paz, más allá de las circunstancias de la vida, sean favorables o desfavorables. Pero también aquí, para captar los pensamientos y los sentimientos inspirados por Dios, hay que hacer silencio y entrar en oración. Y la Cuaresma es el tiempo para hacerlo.
Mientras movemos los primeros pasos en el camino cuaresmal, planteémonos dos preguntas. Primera: ¿cuáles son las pasiones desordenadas, las "fieras" que se agitan en mi corazón? Es bueno reconocerlas, nombrarlas, comprender sus tácticas. Y un segundo interrogante: para dejar que la voz de Dios hable a mi corazón y lo custodie en el bien, ¿pienso retirarme un poco al "desierto", es decir, dedicar un espacio al silencio, a la oración, a la adoración, a la escucha de la Palabra de Dios?
Que la Virgen Santa, que custodió la Palabra y no se dejó tocar por las tentaciones del maligno, nos ayude en nuestro camino.
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