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Mensaje papal a la cárcel florentina de Sollicciano
«Deseo abrazar a todos los presos a detenidos a quienes aseguro mi cercanía humana y espiritual. Los invito a confiar siempre en Dios, Padre bueno y misericordioso». Son las palabras que el Papa Francisco dirigió a los reclusos de la cárcel florentina de Sollicciano, en un mensaje leído al final de la Misa celebrada en la tarde de ayer, 19 de diciembre, por el arzobispo de Florencia, monseñor Gherardo Gambelli.
La liturgia fue concelebrada por el cardenal Ernest Simoni, purpurado albanés víctima de las persecuciones del régimen comunista, que había sido invitado por el arzobispo a acompañarle en su visita navideña a la penitenciaría. Informado de la presencia de Simoni, el Papa Francisco le envió un mensaje para que se lo llevara a los presos.
«Acojamos todos a Jesús que nace y llena nuestros corazones de confianza y esperanza», se lee en la misiva. «Deseando una Santa Navidad y un Año Nuevo lleno de paz, de corazón imparto mi paternal bendición a ti, a los hermanos que están en prisión, a sus familias y al personal penitenciario. Abrazo a todos y les pido, por favor, que recen por mí».
En su homilía, el arzobispo -retomando el Evangelio del día- llevó a los presos un anuncio de esperanza, mensaje central del Jubileo 2025, y se refirió a la experiencia de vida del cardenal Simoni, que fue detenido la noche de Navidad de 1963 y conducido a la cárcel de Shkodra, donde padeció numerosos sufrimientos: «El cardenal Simoni sufrió 28 años de prisión y trabajos forzados, víctima de la persecución del régimen comunista en Albania. Su presencia hoy entre ustedes evoca un sufrimiento compartido, indica que la dignidad de la persona debe ser siempre respetada en la justicia, pero sobre todo testimonia que la fuerza de la fe sostiene incluso en los momentos trágicos y logra vencer al mal».
«El mismo nacimiento de Jesús que celebraremos dentro de unos días tuvo lugar en una situación difícil, de opresión, de pobreza, pero el Dios encarnado trajo la luz a la historia de todos nosotros», dijo el prelado que fuera capellán de Sollicciano antes de ser nombrado arzobispo de Florencia. «Nuestra esperanza reside en la certeza de que el Señor nunca nos abandona en nuestras miserias y errores, si estamos dispuestos a convertirnos y acogerle. Confiando en Él, la cárcel puede convertirse en el lugar donde encontrar la paz en nuestros corazones».
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