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(AICA).- Lucha contra la violencia, participación en la vida pública, acceso a la educación: son los tres puntos clave que la Santa Sede considera para apoyar el papel de la mujer en la sociedad, así lo reiteró hoy en el 65º período de sesiones de la Comisión sobre el papel de la mujer de Naciones Unidas, Francesca Di Giovanni, subsecretaria para el sector multilateral de la sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado.
En particular, se pide que se redoblen los esfuerzos para eliminar la violencia "persistente y generalizada" contra las mujeres. En concreto, durante este periodo, muchas órdenes de permanencia en el hogar por medidas anticovid "coincidieron con un aumento de las llamadas a las líneas de ayuda por violencia doméstica, mientras que en general se destaca la persistencia de fenómenos como la trata de seres humanos con fines sexuales, en la que las mujeres "son agredidas, violadas, explotadas y a veces incluso obligadas a abortar", y la pornografía, que lleva a "ver a las mujeres y niñas como objetos que hay que utilizar y no como personas que hay que respetar".
"Por eso es necesario proporcionarles, como han hecho decenas de miles de instituciones sociales católicas incluso durante la actual pandemia, "asistencia psicosocial, médica, financiera y jurídica para facilitar su recuperación y reinserción social sin dejar impune la violencia".
A continuación, la Santa Sede reitera "la importancia y la urgencia de promover a las mujeres para que puedan realizar todo su potencial y contribuir al bien común de la sociedad", especialmente "allí donde se toman las decisiones importantes".
La igualdad de dignidad de las mujeres está todavía muy lejos en muchas sociedades, mientras que "la inclusión y la promoción de la participación de las mujeres en la vida pública significa aceptar y honrar a cada mujer en todos los aspectos de su personalidad, incluida su capacidad única de tener hijos y de dar voz a los más débiles".
En este sentido, la sociedad debe combatir una especie de "penalización de la maternidad" que impide a las madres continuar su formación o les crea desventajas en el trabajo en comparación con sus colegas masculinos.
Como conclusión, se destaca que el desarrollo humano integral "necesita la voz y las experiencias de las mujeres". Por eso es esencial "que todas las niñas y mujeres tengan acceso a la educación".
"Cuanto mejor sea la educación que reciban, mayores serán las oportunidades de las que dispondrán", afirmó Di Giovanni, y "esto, a su vez, beneficia a las generaciones futuras, ya que las madres con estudios están en mejores condiciones de enviar a sus hijos a la escuela, rompiendo el ciclo de la pobreza y la exclusión", concluyó.
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