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“Me gustaría que el próximo papa fuera el cardenal Tagle”, dice Vicenç, un joven valenciano residente en Roma que se ha acercado con una amiga hasta la plaza de San Pedro del Vaticano a ver la recientemente instalada chimenea de la Capilla Sixtina, desde donde se espera que esta misma semana salga la fumata blanca para anunciar al mundo la elección del nuevo papa.
Un día y medio antes del inicio del cónclave, el nombre del cardenal filipino, de 67 años, es uno de los que más circulan en las quinielas de papables (aquellos cardenales que a ojos de los medios y de la opinión pública reúnen aptitudes para gobernar la Iglesia). Si bien la edad de Tagle podría dificultar su elección, para Vicenç podría ser un “buen sucesor del papa Francisco“, puesto que es “un pastor próximo” y, además, “no es tan joven”.
Entre las personas que se encuentran en el Vaticano en estas horas —las ocho y media— hay también el cura de la diócesis de Glasgow (Escocia) Liam McMahon, que no duda en trazar el perfil de papa que querría. “Me gustaría que el próximo fuera como Francisco: un hombre bueno, cálido y compasivo con la gente, especialmente la más pobre”, afirma el presbítero, que se encuentra en Roma durante unos días acompañando por un grupo de peregrinos que participan en el Jubileo.
Preguntado por los papables, McMahon lo tiene claro: “Para mí, el cardenal mejor preparado para suceder a Francisco es Pietro Parolin. ¿Por qué? Porque necesitamos una persona inteligente y con buena experiencia diplomática para liderar la Iglesia en un mundo que se ha vuelto loco”, sentencia el escocés sobre el purpurado italiano, hasta ahora secretario de Estado del Vaticano.
El nombre de Parolin (70 años), a quien el papa Francisco encargó la negociación del delicado acuerdo para el nombramiento de obispos entre la Santa Sede y el régimen chino, es uno de los que más circulan estos días en las quinielas. También el de Matteo Zuppi (69), arzobispo de Bolonia, presidente de la Conferencia Episcopal de Italia y enviado especial del papa a buscar “vías de paz” entre Rusia y Ucrania; Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y, según algunos analistas, el candidato por el cual apostaría como papa el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, considerado uno de los más influyentes dentro del Colegio Cardenalicio.
Otros nombres de cardenales que aparecen a las quinielas son los del italiano Pierbattista Pizzaballa (60 años), patriarca latino de Jerusalén que se ofreció a Hamás para ser intercambiado por los rehenes israelíes secuestrados el 7 de octubre y el único líder religioso que ha podido entrar desde entonces a la devastada Gaza, donde medio millar de cristianos intentan sobrevivir al asedio militar israelí refugiados en la parroquia latina; también resuena con fuerza el nombre del norteamericano Robert Prevost (69), prefecto del Dicasterio para los obispos (organismo responsable de los obispos de todo el mundo) y un hombre a quien se califica de “talante moderado” y con capacidad de establecer puentes entre las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia.
Amplían la lista de papables el sueco Ander Arborelius (75), carmelita y obispo de un país de mayoría luterana; el maltés Mario Grech (68), secretario general del Sínodo; el salesiano español Cristóbal López (72), carismático arzobispo de Rabat que se ganó la confianza de Francisco durante su visita a Marruecos en 2019; el húngaro Péter Erdö (72), arzobispo de Esztergom-Budapest creado cardenal por Juan Pablo II; el ghanés Peter Turkson (76), uno de los cardenales más influyentes en un continente donde el catolicismo crece; y el italiano Fernando Filoni (79), cardenal con amplia experiencia diplomática y recordado por el episodio que protagonizó en Irak, donde fue nuncio y permaneció incluso mientras tenían lugar los bombardeos de los Estados Unidos en 2003.
“Nos hace falta un papa que, aparte de estar pendientes de los necesitados, gestione bien la Iglesia y sobre todo las finanzas del Vaticano, que son muy importantes y se están yendo de las manos”, opina María Ángeles, una feligresa de Valladolid que estos días visita Roma en compañía de un grupo de laicos de la Familia Vicenciana. “Nos gustaría que saliera el español, Cobo, pero es difícil porque es muy joven: lo único que pido es que el próximo papa continúe por el camino que inició Francisco, atrayendo a los jóvenes y ocupándose de los pobres”, añade María Dolores, otra miembro del grupo.
Estos fieles castellanos, que han venido a Roma a vivir el Jubileo, son unos de los pocos que se encontraban al acabar el día en la Vía de la Conciliación, donde unas horas antes se han dejado ver algunos cardenales saliendo con cara de cansancio de la undécima congregación general, donde han debatido temas como el etnicismo dentro de la Iglesia, las migraciones y las guerras en curso. Ha sido una de sus últimos encuentros antes de un cónclave que este miércoles será el centro de atención de todo el mundo.
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