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(Vatican News).- No es sólo un trabajo, sino una vocación, y ahora, gracias a la visita del Papa, se convierte en "un reconocimiento de nuestro compromiso como misión de misericordia y esperanza". Así, la comandante de la Policía Penitenciaria del Instituto penitenciario romano de Rebibbia Nuovo Complesso, Sarah Brunetti, declara a los medios vaticanos su particular emoción por el próximo 26 de diciembre: "Agradezco al Santo Padre su constante atención y porque pone siempre el mundo penitenciario en el centro de la misericordia; gracias a él nos sentimos implicados en este proyecto de esperanza que tendrá su momento muy importante en el próximo Jubileo".
“Despondere spem est munus nostrum – Garantizar la esperanza es nuestra tarea” es el lema de la Policía Penitenciaria y se asemeja increíblemente al espíritu del Año Santo con el que se abre: “A menudo los que están en prisión se encuentran allí porque nunca han conocido la ternura o porque no han recibido esperanza –afirma–. Nuestra tarea es dar esperanza también a la sociedad exterior, devolviéndole personas nuevas y rehabilitadas; la esperanza es un concepto que se refiere al futuro, pero debe construirse en el presente". La comandante explica luego que el santo patrón del cuerpo es San Basílides, mártir de la fe no sólo profesada, sino vivida hasta el sacrificio, e ilustra el escudo heráldico de la Policía Penitenciaria, en el que destacan las llamas: "Son llamas de esperanza y de misericordia, alimentadas por nuestro compromiso diario”.
En cuanto a la relación, a menudo problemática, entre la opinión pública y la prisión, Brunetti no tiene dudas: “El muro circundante no está atravesado por prejuicios - explica -, dentro de la prisión se suspende la sentencia para restablecer la confianza en los reclusos; sólo así podremos convertirnos en portadores de misericordia y portadores de esa esperanza de la que hablamos”. La prisión es una institución total para todos aquellos que viven en ella, ya sea por condena o por trabajo; no es casualidad que el drama de los suicidios involucre también a los agentes de la Policía Penitenciaria: "A veces el diafragma que divide las dificultades de los diferentes actores penitenciarios es muy fino - confirma la comandante - por lo que el sufrimiento se contamina mutuamente".
Aunque el peso del dolor y de la presión es considerable, nunca hay que perder la sonrisa en este trabajo noble y delicado: "Se necesita espíritu de misión, sentido de humanidad y estar dispuesto a soportar el sufrimiento de los demás". Por ello, la comandante insta a los jóvenes a emprender el camino que lleva a vestir este uniforme: "Es una oportunidad para realizar los valores del respeto, la sensibilidad y el coraje, porque se necesita mucho coraje para asumir la responsabilidad de otros seres humanos – recuerda con orgullo – para mí fue así: una hermosa manera de superar mis fragilidades personales y ayudar a los demás”.
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