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"La Iglesia no es de este mundo, pero está en el mundo, y por tanto debe estar conectada a él"
"Nuestro modelo de Iglesia ha sido patriarcal durante siglos. Los sacerdotes son hombres y ocupan puestos de responsabilidad en el liderazgo y la liturgia, dos áreas en las que las mujeres todavía están casi completamente ausentes. El acceso de las mujeres al altar mostraría una cara diferente de la Iglesia, y es comprensible que esto suscitara preocupación y debate. Surge la pregunta: ¿Es ésta una (r)evolución teológica o una (r)evolución cultural?".
El neocardenal dominico Jean-Paul Vesco (62 años) no sólo no rehúye la pregunta sobre la reforma en la Iglesia para dar mayor protagonismo a la mujer, sino que la contextualiza en una nueva dimensión: "Me parece que se trata más de un desarrollo cultural que teológico, y la cuestión del diaconado de las mujeres se encuentra en cierto modo en la intersección de la teología y la cultura".
"Y no estoy seguro de que sea más fácil superar los desarrollos culturales que influyen en la forma en que celebramos y las costumbres de nuestros antepasados que las cuestiones teológicas que a veces se utilizan como baluarte contra el desarrollo cultural del mundo al que vivimos para resistir", indica el arzobispo de Argel en entrevista con Katholisch.
"Lo que es seguro, sin embargo -concluye al respecto-, es que cualquier progreso en las tareas de liderazgo confiadas a las mujeres en la Iglesia se convierte muy rápidamente en algo evidente e irreversible. Estoy convencido de que la complementariedad de hombres y mujeres es una oportunidad real para la Iglesia de hoy y también para la Iglesia de mañana, ¡y no sólo por la escasez de sacerdotes!".
Y en su diócesis, de la que fue nombrado arzobispo en 2021, predica con el ejemplo: "Más de la mitad de los miembros de los dos consejos, el Consejo Episcopal y el Consejo Económico, son laicos, incluidas mujeres, y la curia diocesana está compuesta por seis mujeres y dos hombres, el Vicario General y yo. ¡Eso no significa que todo sea un cuento de hadas! Pasará mucho tiempo antes de que en la Iglesia aprendamos a tomar decisiones de manera diferente. Pero una cosa es segura: es impensable volver a los concilios y a las curias diocesanas compuestas únicamente por sacerdotes. De esta manera, en el futuro se podrá expresar aún más claramente la naturaleza especial del presbiterio.
Abogado antes de hacerse dominico, Vesco, sabe lo que es ser y sentirse Iglesia en minoría. Sin embargo es esa una cuestión que ni le preocupa ni asusta: "La historia de nuestra Iglesia desde la independencia de Argelia nos muestra cómo la Iglesia ha ido perdiendo poder y hemos comprobado que esto no ha perjudicado la calidad de nuestra presencia y de nuestro testimonio evangélico, al contrario. ¡Estoy convencido de que el cristianismo, en esencia, es una religión de minorías, de resistencia y de esperanza!".
En este sentido, Vesco, que es aficionado a atletismo y en 1989 corrió la maratón de Nueva York en 2:52 horas, destaca la importancia del reciente Sínodo sobre la Sinodalidad, "inherentemente innovador en su método y objetivos" y que, en su opinión, "cambió las relaciones entre las personas y redujo la brecha entre los bautizados, independientemente de su papel y título en la Iglesia, y eso es importante", por lo que está convencido de que "el desafío de la Iglesia en los próximos años es mostrar un rostro de buena voluntad más fraterno, más sencillo y más abierto al mundo entero".
"Nuestra Iglesia está avanzando en la posición de los laicos y de las mujeres. Pero si la Iglesia quiere seguir el ritmo del desarrollo de la sociedad, todavía nos queda un largo camino por recorrer. Nada es perfecto, pero las cosas están empezando a cambiar. En varios dicasterios las mujeres ocupan puestos de liderazgo y gracias a Dios así es. Nuestra Iglesia no es menos católica y fiel a su tradición", señala el neocardenal.
Vesco tiene muy claro quién está detrás de estos cambios, impulsando un proceso que no deja de tener sus dificultades y resistencias. "La revolución del papa Francisco, que intenta implementar por todos los medios, se refleja en el cambio en la relación de la Iglesia con el mundo. La profunda coherencia de su pontificado es evidente en todas sus encíclicas, en sus gestos simbólicos hacia los pequeños, los pobres, los marginados, en su condena de una figura excesivamente clerical en la Iglesia, en su preocupación por la posición de los laicos y de las mujeres, en sus iniciativas en el ámbito del diálogo interreligioso y en el desarrollo de una cultura sinodal basada en la búsqueda del mayor consenso posible", señala en Katholisch.
"A pesar de temores ocasionales, todos estos esfuerzos contribuyen a que nuestra Iglesia sea cada vez más católica y, por tanto, cada vez más universal. La Iglesia no es de este mundo, pero está en el mundo, y por tanto debe estar conectada al mundo a través de la semejanza y la diferencia, no sólo una u otra. Y es precisamente en esta tensión que ella es verdaderamente católica, no sólo según los dogmas de su fe".
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