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León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Mensaje para el Día Mundial de la Pesca
(Vatican News).- “El camino hacia la plena protección de los derechos humanos y laborales de todas las categorías de pescadores sigue siendo un camino largo y sinuoso. Una vez más, alzamos nuestra voz para pedir que las organizaciones internacionales y los gobiernos redoblen sus esfuerzos por aplicar la legislación, para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los pescadores y de sus familias y endurezcan su lucha contra el trabajo forzoso y la trata de personas”, lo escribe el Cardenal Peter K. A. Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en su Mensaje para el Día Mundial de la Pesca, que se celebra este 21 de noviembre de 2020.
En su Mensaje, el Cardenal Turkson recuerda que, esta Jornada se celebra cada año para destacar la importancia de este sector laboral marítimo, que supone una fuente sustancial de empleo para unos 59.5 millones de personas, de los cuales uno de cada dos trabajadores es una mujer, siendo Asia el continente que cuenta con el mayor número de trabajadores en este ámbito, con aproximadamente el 85 por ciento de la fuerza laboral mundial y dispone de 3.1 millones de buques, que representan el 68 por ciento de la flota pesquera mundial.
Además, el Purpurado señala que, la celebración de este año coincide con un momento particularmente excepcional, dado que los efectos de la pandemia del Covid-19 se han propagado rápidamente por todo el mundo, con consecuencias dramáticas para las economías de muchos países y un grave impacto en sectores tan vulnerables como el de la pesca. “El impacto – precisa el Cardenal Turkson – atañe principalmente al ámbito de las respuestas estratégicas que han adoptado los gobiernos frente a la pandemia, como el distanciamiento social, el cierre de mercados de pescado, la escasa afluencia de clientes a hoteles y restaurantes. Esto supone un grave problema para la venta de pescado fresco y otros productos pesqueros, sobre todo en lo que se refiere a la disminución de la demanda y a la caída del precio del pescado, razón por la cual, en la situación actual, la pesca, el procesamiento de pescado, el consumo y el comercio han disminuido de manera constante”.
Además de los efectos de la pandemia, agrega el Prefecto, el sector de la pesca tiene que afrontar problemas crónicos que afectan a miles de millones de personas, ya que el pescado constituye su principal fuente de proteína y la pesca representa el principal medio de vida. “Estos problemas crónicos, que representan el ‘crimen pesquero’ – se lee en el Mensaje – son la sobrepesca y la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), prácticas que todavía se llevan a cabo en distintos lugares del mundo… Esto penaliza a los verdaderos pescadores y a las comunidades pesqueras, que tienen que hacer frente a una competencia desleal y ver como se agotan las poblaciones de peces a un ritmo que provoca que éstas no tengan tiempo de regenerarse. Se trata de una práctica que no es sostenible y que implica una disminución de las reservas pesqueras y una reducción de la capacidad de producción en el futuro”.
Con la pandemia las condiciones de trabajo y de seguridad de los pescadores embarcados se han visto afectadas por el cierre de los puertos pesqueros y la imposibilidad de realizar cambios en las tripulaciones. Además, la falta de equipos de protección personal ha aumentado el riesgo de transmisión del virus, puesto que los pescadores trabajan en espacios reducidos y ambientes cerrados, en la cual varios miembros de tripulaciones pesqueras contrajeron el virus y, al no poder recibir asistencia médica inmediata, fallecieron y fueron rápidamente sepultados en el mar.
La pandemia ha hecho también que los pescadores migrantes se vean privados de la oportunidad de trabajar. Sin la posibilidad de generar ingresos para mantener a sus familias y pagar sus deudas, están cada vez más expuestos al riesgo de convertirse en víctimas de la trata de personas o del trabajo forzoso. Además, pueden también permanecer largos períodos de tiempo varados en un país extranjero y obligados a vivir en campamentos de refugiados/migrantes, en una situación de hacinamiento y en condiciones higiénicas deplorables. Por añadidura, la gran mayoría de los pescadores del mundo se vieron excluidos, por diferentes razones, de la “protección social” básica que algunos gobiernos nacionales habían proporcionado, y para sobrevivir se vieron obligados a depender de la generosidad de las organizaciones caritativas o de la ayuda de la comunidad local.
Los problemas del trabajo forzoso y de la trata de personas han atormentado desde siempre al sector pesquero y siguen siendo particularmente graves. En algunos países, estos problemas han empeorado debido a las condiciones de extrema pobreza originadas por la pandemia del Covid-19 y que desencadenan nuevas oleadas de personas desesperadas que han perdido sus trabajos, como los pescadores, procedentes de zonas rurales. Estos desplazados tienden a ser engañados y son obligados por intermediarios y agencias de contratación a trabajar a bordo de buques, bajo la amenaza del uso de la fuerza o mediante la servidumbre por deudas.
En este contexto y en este tiempo de pandemia, el Cardenal Turkson hace un llamamiento a una mayor solidaridad con las personas más marginadas, como se explica en el numeral 115 de la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco. “El camino hacia la plena protección de los derechos humanos y laborales de todas las categorías de pescadores – señala el Purpurado – sigue siendo un camino largo y sinuoso. Una vez más, alzamos nuestra voz para pedir que las organizaciones internacionales y los gobiernos redoblen sus esfuerzos por aplicar la legislación, para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los pescadores y de sus familias y endurezcan su lucha contra el trabajo forzoso y la trata de personas”.
Por último, en este Día Mundial de la Pesca, mis pensamientos están con todos los pescadores del mundo que sufren y atraviesan una situación difícil. En particular, me gustaría mencionar a los dieciocho pescadores de diferentes nacionalidades, procedentes de Mazara del Vallo, Sicilia, que permanecen retenidos en Libia, desde el pasado 2 de septiembre. “Sus familias aguardan con ansia recibir información sobre su paradero y la oportunidad de hablar con sus seres queridos. Sobre todo, anhelan reunirse con ellos”. Por esta sencilla razón humanitaria, apelo a los gobiernos y a las correspondientes autoridades nacionales, para que resuelvan esta grave situación y encuentren una solución positiva a través de un diálogo abierto y sincero.
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