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El observador vaticano durante la conferencia de la ONU, promovida por Francia y Arabia Saudita
(Vatican News).- El terrorismo nunca puede justificarse, sin embargo, «el derecho a la autodefensa debe ejercerse dentro de los límites tradicionales de la necesidad y la proporcionalidad». La Santa Sede lo ha vuelto a señalar, con fuerza y dolor, durante la conferencia de alto nivel de las Naciones Unidas sobre la «resolución pacífica de la cuestión palestina y la aplicación de la solución de dos Estados», promovida por Francia y Arabia Saudí y que finalizó el 30 de julio en Nueva York.
El observador permanente, el arzobispo Gabriele Caccia, pidió urgentemente «el cese inmediato del fuego, la liberación de todos los rehenes israelíes, la devolución de los cuerpos de los fallecidos, la protección de todos los civiles palestinos de conformidad con el derecho internacional humanitario y el acceso sin obstáculos a la ayuda humanitaria», al tiempo que reiteraba la condena del ataque perpetrado el 7 de octubre de 2023 por Hamás contra los israelíes.
La Santa Sede, según las palabras de Caccia, «sigue profundamente preocupada por el agravamiento de la crisis humanitaria en la Franja de Gaza», de ahí el llamamiento a la comunidad internacional para que dé una respuesta inmediata y coordinada al «desplazamiento masivo de familias», al «colapso de los servicios esenciales», a la «creciente hambruna» y a la «privación generalizada» que «conmocionan la conciencia humana».
El arzobispo se detuvo en el impacto del conflicto sobre la población civil, refiriéndose al número de niños muertos, a la destrucción de viviendas, hospitales y lugares de culto, con especial mención al «reciente ataque a la iglesia de la Sagrada Familia, que ha herido aún más a una comunidad ya de por sí castigada». Este suceso ha suscitado una profunda angustia, teniendo en cuenta el papel de los cristianos en la región, que desde hace tiempo se proponen «como presencia moderadora y estabilizadora, promoviendo el diálogo y la paz».
La Santa Sede está convencida de que «la solución de dos Estados, basada en fronteras seguras y reconocidas internacionalmente, es la única vía practicable y equitativa hacia una paz justa y duradera». Prueba de ello son los importantes pasos dados hasta ahora, como el reconocimiento formal del Estado de Israel a través del Acuerdo Fundamental de 1993 y el reconocimiento del Estado de Palestina, con el Acuerdo Global de 2015. Además, otro punto firme señalado por Caccia es el firme apoyo a «los derechos inalienables del pueblo palestino, incluido el derecho a la autodeterminación», así como a las «legítimas aspiraciones» de los palestinos «a vivir en libertad, seguridad y dignidad dentro de un Estado independiente y soberano».
"Otro punto firme señalado por Caccia es el firme apoyo a «los derechos inalienables del pueblo palestino, incluido el derecho a la autodeterminación"
El observador permanente, para concluir, recordó la importancia «religiosa y cultural universal» de Jerusalén, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes, y por ello llamada a tener un estatus que «trascienda las divisiones políticas y garantice la conservación de su identidad única». La petición de Caccia, repetida en numerosas ocasiones por la Santa Sede, es la de un «estatuto especial garantizado a nivel internacional, capaz de asegurar la dignidad y los derechos de todos sus habitantes y de los fieles de las tres religiones monoteístas, la igualdad ante la ley de sus instituciones y comunidades, salvaguardando el carácter sagrado de la ciudad y su excepcional patrimonio religioso y cultural». Un documento que, además, garantice «la protección de los Lugares Santos», así como «el derecho a acceder a ellos sin obstáculos y a practicar el culto». Un estatuto que preserve también, cuando sea aplicable, el «statu quo». En Jerusalén, según la posición de la Santa Sede, «nadie debería ser objeto de vejación. Por lo tanto, es lamentable que los cristianos se sientan cada vez más amenazados en la Ciudad Vieja de Jerusalén».
"En Jerusalén nadie debería ser objeto de vejación"
La esperanza expresada por el arzobispo, que concluyó su intervención citando al papa León XIV y su llamamiento a poner fin a «la barbarie de la guerra», es que «en una época en la que la fuerza se considera a menudo un requisito previo para la paz», la reunión celebrada en Nueva York sirva para recordar que «solo a través de un diálogo paciente e inclusivo es posible alcanzar una resolución justa y duradera de los conflictos».
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