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"Estoy disgustado, molesto. Ha sido un choque para mí", se queja el ex prefecto
Angelo Becciu está en estado de shock. Ayer por la tarde, tenía prevista una reunión con el Papa Francisco para abordar algunas causas de beatificación y canonización, en su calidad de prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Salió de la misa habiendo 'renunciado' (la terminología vaticana es lo que tiene) a su puesto, y a sus derechos como cardenal. Aunque sigue siendo purpurado (de momento no se le ha retirado dicha condición), no podría participar en un hipotético cónclave.
"Estoy disgustado. Molesto. Ha sido un choque para mí, para mi familia, para la gente de mi país", explica, casi en un susurro, el ya ex prefecto a Franca Giansoldatti, de Il Messaggero. "En espíritu de obediencia, y por el amor que tengo a al Iglesia y al Santo Padre, he aceptado su petición de hacerme a un lado", explica, dando carta de naturaleza a lo que es un secreto a voces: no ha sido una renuncia, sino un despido.
Francisco ha fulminado a Becciu, aunque la críptica terminología vaticana habla de "aceptación de la renuncia", sin dar ninguna razón a la misma, lo que desata todo tipo de interpretaciones. Angelo Becciu las abona en la breve conversación con Giansoldatti: "Soy inocente y lo probaré. Pido al Santo Padre que me permita el derecho a defenderme".
El escándalo de las inversiones millonarias en Londres y otras capitales del mundo, con dinero (supuestamente) del Óbolo de San Pedro, están en el eje de la renuncia-despido de Becciu, al que se nota triste y molesto. Un animal herido que no tardará en dar algún zarpazo. Información tiene: no en vano, fue durante siete años (de 2011 a 2018) Sustituto de la Secretaría de Estado, una especie de 'número tres' en el escalafón de la Santa Sede, por donde pasaba toda la información de la Iglesia en el mundo.
Hay quienes ven detrás de la caída en desgracia de Becciu la mano de su sucesor, Edgar Peña Parra, mientras que otros consideran que, más bien al contrario, los sectores ultraconservadores han tratado de lanzar el escándalo para seguir dinamitando el proceso de reformas económicas del Papa Francisco. Levantar un pico de la alfombra para que nadie la levante del todo, y poder seguir jugando a su antojo.
Pero el caso de Londres llegará hasta el final (ya se ha cobrado varias víctimas, entre ellas Domenico Giani, el 'ángel de la guarda' de los últimos papas, y la investigación sigue abierta), y no se descartan nuevas filtraciones, ante las que la Santa Sede no ha sabido actuar con diligencia. Y es que la transparencia sigue sin ser una de las normas de los estamentos vaticanos, como lo prueba la lacónica información de la Sala Stampa, sin dar razones del despido-renuncia... Y lanzándola a las ocho de la tarde, sin un aviso a los vaticanistas. Que, por fortuna, siempre están al quite (y al tanto del correo electrónico).
"Soy inocente, y lo probaré", asegura Becciu. El escándalo no ha hecho más que comenzar.
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