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"La fe se trata de vivir (es más que 'despertar', che) de un modo exactamente opuesto al que Milei propone e impone"
Fiel a su costumbre de citar otros autores sin referir a ellos – lo que se llama normalmente plagio – Javier Milei, en su casi homilía evangélica mezcló harina con pan rallado.
Repitiendo a “Berthie” Benegas Lynch, hijo del prócer, según su delirio, señaló que toda referencia a la justicia social viola los mandamientos bíblicos 7° y 10° (en su versión catequística: “no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”), es decir, los que según su desleal no saber ni entender atentan contra la propiedad privada.
Repitiendo a su homenajeado español Jesús Huerta de Soto – esta vez citado – hizo una terrorífica exégesis de la escena bíblica de las tentaciones de Jesús, haciéndole decir al texto exactamente lo que no dice. Repitió que “el Estado es la encarnación del Maligno” y lo relacionó con las tentaciones de Jesús en Lucas 4,5 refiriéndose a “la tercera y la más grave” (en realidad es la tercera en Mateo, en Lucas es la segunda), y lo de “más grave” puede discutirse.
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Y la conclusión es que los reinos (a los que curiosamente él llama “estados”) son demoníacos. De más está recordar que Milei llegó tarde a la sepultura del Papa Francisco para homenajear a Huerta de Soto, y cuando se encontró con el nuevo Papa León XIV le regaló dos libros de este “egregio” charlatán.
Esto, sin embargo, hay que recordarlo, ya lo había repetido Milei en una entrevista con Viviana Canosa cuando era su jefa de campaña, usando entonces casi las mismas palabras que hoy (es decir, no tiene nada nuevo que decir; repitiendo ahora casi los mismos errores bíblicos de de Soto y de su primera referencia).
A esto, además, volvió a cuestionar la “justicia social” afirmando insólitamente – no sorprendentemente en su caso – que “la justicia social es un robo” (contra los mandamientos citados), es “la caridad impuesta por la fuerza” remató en su delirio.
Anotemos que la caridad (= el amor) es un derecho, la justicia es un deber. Yo puedo amar o no a alguien por un acto de mi libertad, pero no puedo negar a alguien lo que le corresponde en justicia, sería –precisamente– un robo. Debo pagar el salario justo, debo pagar una mercadería cuando me la entregan… “Debo”, y, no hacerlo, ¡eso sí!, constituye un robo. El tema del amor (= caridad) es otro tema que merecería una reflexión interesante, pero que le es ajena a los profetas de la crueldad y el odio.
Curiosamente, para don Javier, todo esto sería “despertar a la fe”. Claro que, para quien palabras como “robo”, “libertad”, “justicia” dicen exactamente lo contrario de lo que dicen, no es fácil saber qué entiende él por “fe”. En la Biblia esto es edificar la vida sobre Dios, hundir las raíces en Él y sus caminos (es el sentido del sustantivo hebreo “ amén ”), el cual, además es colectivo, puesto que es la fe de un pueblo.
Ese pueblo, afirmado en Dios, podrá mostrar con su vida de “derecho y justicia”, a todos los pueblos, que otro mundo es posible, un mundo sin dominados y dominadores, amos y esclavos, patrones y clientes, opresores y oprimidos, víctimas y victimarios, odiados y odiadores… un mundo de hermanos y hermanas, Se trata de ser “luz para iluminar a las naciones (a los otros pueblos)”.
O, para decirlo fácil de entender, la fe se trata de vivir (es más que “despertar”, che) de un modo exactamente opuesto al que Milei propone e impone. A eso, Jesús lo llamó reino de Dios, y ese “reino” (que no “estado”) es el que se opone al reino de Satanás. Es decir, otra vez, al revés de la homilía chaqueña de don Javier en la que, además, no dijo nada nuevo a lo que nos tiene acostumbrados.
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