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Pensando la “opción por los pobres”
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Es difícil negar que Jesús habló y puso a los pobres en el centro:
+ los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres (Mt 11:5).
+ Una cosa te falta [para tener la vida eterna]: ve, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme (Mc 10:20).
+ El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres el Evangelio (Lc 4:18).
+ ¡Felices [= bienaventurados] ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! (Lc 6:20).
+ Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos… (Lc 14:13).
Y, por el contrario, tuvo una actitud crítica con los ricos:
+ Se los repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. Se los repito, es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios (Mt 19:23-24).
+ A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías (Lc 1:53).
+ ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! (Lc 6:24).
En otras ocasiones hemos profundizado el tema; pero sinteticemos diciendo que la clave está en “dónde está el tesoro”. Se trata – los ricos – de aquel que “acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios” (Lc 12:21), lo sensato es “no acumular tesoros en la tierra… sino en el cielo” (Mt 6,19-21). Ganar hermanos (hacerse amigo) de los pobres (cf. Lc 16,9) compartiendo los bienes, es el modo de atesorar en el cielo. Así le dice Jesús al rico: “ve, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme” (Mc 10:20).
Lo interesante es que, ante el hecho innegable, hay quienes tratan de negarlo. como no pueden decir que Jesús no pone a los pobres en el centro, su clave hermenéutica es negar a los pobres: “los pobres son todos”, “los pobres son ‘de espíritu’…”, y demás cosas por el estilo. Se ha llegado, hasta a decir, que como los pobres son los poseedores del reino, los preferidos de Jesús, y los ricos son los que están lejos de Dios, es a ellos a los que se ha de dedicar “preferencialmente” la evangelización. No importa que el signo visible de que Dios está reinando sea el anuncio a los pobres, lo que importa (para los que esto dicen) es “quedar bien con los ricos”.
Pero dejando de lado estos dislates, en aquellos que quieren poner a los pobres en el centro, no es unánime explicitar la razón por la que Dios los prefiere y Jesús lo hace visible. Podemos decir que hay tres tipos de razones (que no son excluyentes entre sí).
+ Dios prefiere a los pobres porque son más solidarios, más religiosos…
+ Dios prefiere a los pobres porque son las víctimas de la sociedad.
+ Dios prefiere a los pobres porque “así es Dios”.
Pero esto no puede hacernos olvidar que el clamor, ¡que existe!, nos compromete, nos conmueve y mueve hacia las víctimas. Quizá debamos decir que no es que Dios elige a los pobres porque son víctimas, pero sí que nos elige a sus amigos y amigas para ser sus manos, su voz, su corazón para que no haya víctimas. El Dios que elige a los pobres, porque así es Dios, nos convoca a gastar la vida en favor de los pobres, en aliviar a las víctimas, en lograr que los clamores se transformen en caminos de justicia y, por lo tanto, senderos de paz.
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