Comentario a las lecturas del domingo 27º C
La fidelidad en el servicio no espera recompensa
Aprovechando cristianamente la inflación
Eduardo de la Serna
El Evangelio de Lucas, siempre sensible al tema de los pobres (y los ricos) hace una advertencia que parece tomada de la fuente que tiene en común con Mateo (habitualmente llamada “Q”) aunque añade elementos que le son propios:
«Vendan sus bienes y den limosna. Háganse bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni roe la polilla; porque donde esté el tesoro de ustedes, allí estará también su corazón» (Lc 12:33-34)
A modo de mero dato estadístico, por ejemplo, notemos que el término “bienes / existencias / posesiones” (en griego hypárjô) se encuentra 3 veces en Mateo, cero en Marcos y ¡15 veces! en Lucas (cero en Juan y ¡25 veces! en Hechos). La “bolsa” (para dinero, no otro tipo de bolsa) 3 veces en el AT y 4 veces en Lucas. El “deterioro” solo aquí en los Evangelios. “Inagotable” solo aquí en toda la Biblia. “Roer” solo aquí en los Evangelios. Los restantes elementos, y el proverbio del tesoro y el corazón están tomados de la fuente Q.
La clave, para Lucas, es la atenta dedicación a los pobres: puesto que de ellos es el Reino, puesto que los cielos le pertenecen y tienen asegurados allí la morada; por eso, compartir con ellos los bienes (“limosna”, que no es lo que se entiende habitualmente en nuestra cultura), es “atesorar” en el cielo. Nuestras decisiones (= corazón) reflejan dónde tenemos nuestro “tesoro”.
En este sentido, es evidente que guardar el dinero (en “bolsas”, con el riesgo del robo o de la polilla) revela que nuestras decisiones eligen “mirarnos” a nosotros mismos antes que mirar a los pobres. ¡Nada menos que a los preferidos de Dios y de Jesús! Esto puede parecer sensato, hasta que el robo o la polilla, hacen patente el deterioro. Como los cielos son inamovibles, poner el tesoro allí, ciertamente es “inagotable”.
En suma, nuestra actitud frente al dinero revela donde ponemos las decisiones: si en el cielo o en una “bolsa” y su probable deterioro.
Ciertamente no discuto lo dicho por el obispo (con lo que, aclaro, coincido), pero me sirve para pensar desde otra mirada (especialmente desde otro auditorio, muy diferente al que suele ir a San Cayetano cada 7 de agosto). Pero, me pregunto si “la inflación” no puede parangonarse con el ladrón o la polilla del Evangelio, y – por lo tanto – no se podría dar una vuelta más, insisto, a otro auditorio, y preguntar puesto que, – para evitar la “polilla de la inflación” – muchos corren al dólar o a plazos fijos, no sería una mejor inversión “atesorar en los cielos” y satisfacer a sus poseedores, los pobres. De buenas inversiones y tesoros se trata. El ladrón, la polilla o la inflación muestran dónde está lo sensato o lo insensato de nuestras decisiones.
Foto tomada de https://laprensa.peru.com/curiosidades/noticia-facebook-viral-insectos-comen-ahorros-toda-vida-anciana-vuelve-viral-fb-face-indonesia-nnda-nnrt-91965
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