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Amor y agua fresca

La aventura del decrecer - menos cosas, menos prisas, menos redes, menos quejas, menos palabras… –

A Paris, on vit d’amour et d’eau fraiche”. Lo leí el año pasado en una fuente del aeropuerto de Orly y se me ocurre que podría ser un buen programa para este Febrero en que el Miércoles de Ceniza coincide – qué casualidad - con la fiesta de San Valentín. Vamos a imaginar una escena que, aunque anticipada en el tiempo, resulta previsible después del Sínodo: después de mucha investigación y diálogos, se ha abierto por fin el camino al diaconado femenino, es Miércoles de ceniza y una diaconisa revestida con estola morada se dirige así a la asamblea de fieles: “Queridas hermanas y hermanos: el consejo sinodal de la parroquia - nuestro hermano mayor el presbítero, yo misma y una representación de laicos/as y religiosos/as - me encarga comunicaros nuestra propuesta para la cuaresma de este año: VIVIR DE AMOR Y DE AGUA FRESCA.

Queremos iniciar así el camino hacia la Pascua y poner todas nuestras energías en practicar gestos de cordialidad y de acogida para hacer de nuestra comunidad un “hospital de campaña”. Os invitamos también a experimentar la extraña alegría que acompaña a cualquier intento de simplificar la vida y el asombro de constatar lo poco que se necesita para ese buen vivir que todos añoramos. Os animamos a emprender la aventura del decrecer - menos cosas, menos prisas, menos redes, menos quejas, menos palabras… – para dejar espacio a los amigos, el sosiego, los encuentros, la gratitud, el silencio.

Os propongo como gesto simbólico que os vayáis acercando al altar para beber de este recipiente recién bendecido – un botijo, en realidad - un sorbo de agua fresca. Esta va a ser en esta cuaresma la señal de nuestro deseo de vivir la sencillez del Evangelio, cuidar la armonía con la hermana tierra y luchar para que haya sitio para todos en la mesa de sus bienes.

Antes de marcharos, un último recordatorio: tenemos la inmensa suerte, inmerecida, de conocer la Fuente de la que nace esa agua así que no dejemos crecer la hierba en la veredita que nos conduce a ella.

Dolores Aleixandre, Vida Nueva, Febrero 2024

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