Poesía para vencer a la muerte
Vencer la muerte con verso
Me sobran muchas cosas, me falta sencillez
Muy pronto voy a cumplir 64 años. ¡Toda una vida ya! Lejos de lamentarme porque el tiempo vaya pasando y yo con él, me siento muy afortunado y agradecido de haber podido llegar hasta aquí. No ha sido fácil. He pasado por el filo de la espada en muchas ocasiones pero mi ángel me ha guardado y protegido ha el día de hoy. No le pido nada más a la vida. He vivido una vida muy plena y feliz, a pesar de que la envidia me ha puesto algunas zancadillas de vez en cuando. Mis días son ahora muy dichosos. Podía decir que estoy en la edad dorada. Me siento más libre que nunca porque a mi edad ya es difícil que algo o alguien me condicione. Sólo en Dios he puesto mi confianza y sé que no quedaré defraudado. Me queda por vivir mucho menos de lo que ya he vivido; soy consciente de ello pero no me preocupa demasiado. Me levanto todos los días como si fuera el primero de mi vida y así lo disfruto. No me preocupa lo que me queda por vivir sino cómo vivir con más plenitud el día de hoy que Dios me ha regalado. Me siento afortunado de tener amigos por medio mundo y, tal vez, también por el otro medio. Y esa lista de amigos sigue creciendo, día a día, porque no me gusta poner límites a la agenda de la amistad. He tardado muchos años en descubrir el secreto de mi felicidad pero al final lo he descubierto: Necesito muy pocas cosas: Un poco de cariño, una brisa suave en mi cara, una oración en lo alto del monte, un rato para escribir o pintar, un mensaje de un amigo, la mirada tierna de mi madre anciana y la alegría que me expresa mi perrita Linda cuando me ve llegar a casa después de un tiempo de ausencia. Eso y nada más. Cada día me sobran más cosas y me falta más sencillez. Y así estoy dispuesto a seguir caminando los años que Dios me siga regalando. Antes me inquietaba cuando alguien me atacaba en las redes porque no estaba de acuerdo con mis opiniones o cuando notaba de cerca el zarpazo de la envidia, ahora ya no. Sólo me inquieta y me duele el sufrimiento de los seres humanos, de cualquier ideología o lugar, esa sinrazón del odio y de la guerra. Solo esto me acaba estremeciendo hasta el llanto. Me he vuelto muy blando. Cada día que pasa detesto más la hipocresía en el mundo o en la iglesia, mi iglesia, a la que amo pero de la que no acepto muchas cosas que creo que no son de Jesús, aunque las disfrazan para que lo parezca. Por eso no renuncio a ser voz crítica cuando me lo pide mi conciencia, "Si se calla el cantor, se calla la vida".
¡Gracias, Señor, por este nuevo año con el que ya me amenazas como una nueva primavera de luz!
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