Poesía para vencer a la muerte
Vencer la muerte con verso
Ha salido una vacuna contra el virus de la indiferencia
Los tiempos que vivimos parecen propicios para la crisis. La crisis ya está aquí. No se habla de otra cosa en la calle, en los medios, en el supermercado.
Crisis en la salud por el Coronavirus, que se ha convertido en Pandemia. Nos sentimos amenazados.
Crisis en la economía con una tasa de parados en España, que crece cada día y nos tiene sobrecogidos. Vanos a sobrepasar los siete millones de parados.
Crisis en el gobierno de coalición, que miente y se contradice con frecuencia y no acaba de buscar soluciones convenientes para problemas acuciantes.
Crisis en la Iglesia con una contestación creciente en diversos frentes.
Crisis en la vida consagrada por falta de renuevo, de coherencia y de profecía.
Éste tiempo nuestro es el tiempo de la crisis.
La crisis no siempre indica deterioro; es, en muchos casos, una oportunidad envidiable para dar saltos cualitativos y afrontar los cambios necesarios que las instituciones y las personas demandan. Ya lo decía de manera muy gráfica Casaldáliga cuando escribía: “La crisis es la fiebre del Espíritu. Donde hay crisis hay vida. Los muertos no tienen fiebre”
Tal vez este tiempo de crisis nos devuelva la pregunta imprescindible y nos haga caer en la cuenta de las razones auténticas de la crisis que no son, como se supone, de tipo económico. Se trata de valores, de déficit de justicia y solidaridad, de oportunidades mal repartidas entre todos, de escasez de fe auténtica, de rebajas evangélicas…
Estamos a tiempo de reflotar nuestra conciencia. Tenemos una oportunidad para florecer después de un periodo de confinamiento, para apostar por la vida sin condiciones. Hay vacuna para todos.
Saquemos provecho de la crisis que nos rodea para hacer nuevas apuestas y descubrir lo esencial. Es posible un estilo nuevo en todo aquello que nos preocupa si sabemos aportar nuevas relaciones humanas. Un estilo nuevo de sociedad donde se favorezca a los desfavorecidos y los efectos económicos de la crisis puedan ser repartidos. Un estilo nuevo de ser Iglesia, donde prime el diálogo y el encuentro, la pluralidad y la caridad. Un estilo nuevo de vida consagrada donde la primacía de Dios se abra paso con naturalidad y la fraternidad alcance carta de ciudadanía. Un estilo nuevo de ser personas donde la solidaridad y el perdón se abran paso frente al materialismo y al individualismo que campa a sus anchas.
Sí, es posible un tiempo nuevo, más allá de la crisis, si nos lo proponemos. Ha salido ya una vacuna contra el virus de la indiferencia.
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