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Homenaje al cardenal Carlos Amigo

Mi recuerdo del cardenal Amigo está lleno de afecto, simpatía y gratitud .

"Es más difícil ser provincial que ser obispo"

Mi recuerdo del cardenal Carlos Amigo es muy grato y lleno de afecto.

Le conocí en un pueblo sevillano llamado Lora del Río. Allí hay un convento de contemplativas de la orden de la Merced y yo andaba haciendo, como Superior Mayor, la visita canónica a las comunidades de mi Provincia. Me pareció oportuno visitar a las monjas de mi familia en Lora del Río. En ello estaba, charlando amigablemente con ellas en el locutorio, cuando llegó por sorpresa el cardenal Amigo. También él quería aprovechar que pasaba cerca de allí para saludar a las monjas. Tenía la cualidad de ser un pastor cercano y amigable que hacía honor a su apellido. Nos presentamos, aceptó una limonada que las mojas nos trajeron, y me dijo con su sonrisa característica y su sentido del humor:

-Eres un provincial muy joven. Te tocará sufrir. Yo también fui provincial y sé lo que es eso. Es más difícil ser provincial que ser obispo. Yo renuncié a ser provincial y a obispo no renuncio.

Nos echamos unas risas y así comenzó nuestra relación cordial y fraterna.

Volveríamos a encontrarnos años después en una Asamblea General de CONFER, donde le invitamos a participar, en un tiempo en que algunos obispos parecía que cuestionaban nuestra comunión. Allí nos animó y apoyó a seguir siendo nosotros mismos y a entregar a la iglesia la riqueza de nuestros carismas, sin dejar de ser nosotros mismos. Fue siempre un cardenal cercano y amable con los religiosos, no solo porque él era franciscano, sino porque su carácter amable y afable así lo confirmaba. Había, entonces, otros obispos, también religiosos, que no mostraban esa misma empatía para con nosotros.

Descanse en paz el cardenal Carlos Amigo, tan inmenso él en todos los sentidos. Y ojalá recojamos su espíritu sencillo y franciscano, que tanto necesita nuestra iglesia de hoy, caminando hacia cauces de mayor diálogo y sinodalidad.

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