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Doce desafíos para los sacerdotes de hoy

Sólo los hombres de Dios pueden conducir a Dios a los hombres.

Lo que yo no soy capaz de conseguir

Sin duda alguna la vocación sacerdotal, como la vocación consagrada, contienen una belleza implícita que la hacen digna de admiración y respeto. Cuando un hombre y una vocación auténtica se encuentran se produce una polifonía de experiencias que causa asombro y agradecimiento.

El pueblo de Dios necesita, hoy como nunca, sacerdotes de altura humana y religiosa que sean signo de la presencia divina en medio de los quehaceres y crisis que acompañan al hombre y a la mujer de hoy. La referencia de lo divino es un contrapunto necesario para que la sociedad avance y no se quede atrapada por lecturas materialistas de vuelo corto que producen una inmensa frustración. La fe nos concede una perspectiva de la vida que la hace más plural e interesante, más compleja y más rica a la vez.

Cada tiempo ha tenido los sacerdotes que merece. Este tiempo nuestro necesita sacerdotes muy concretos y definidos que sepan iluminar este momento de gracia que vivimos. Hay retos y desafíos formidables en el mundo de hoy que necesitan ser despejados y clarificados por hombres de Dios que sean antes y, sobre todo, humanos.

Allí donde los sacerdotes son hombres de Dios, cercanos al pueblo y testigos creíbles, la Iglesia se reviste enseguida de credibilidad y se convierte en una de las instituciones sociales más queridas y admiradas. Por eso es importante qué tipo de sacerdotes queremos para la Iglesia en los próximos años. No vale cualquiera. Hay estilos de ejercer el sacerdocio que generan rechazos generalizados y que hemos de revisar con urgencia por el bien de la comunidad cristiana. Sólo los hombres de Dios pueden conducir a Dios a los hombres.

Justamente lo que yo no soy capaz de conseguir.

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