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El jesuita pide la suspensión del diaconado permanente
"Si no podemos ordenar a mujeres como diáconos, no hay razón para ordenar a hombres". Así lo ha dejado por escrito, en un contundente artículo publicado en el NCR el jesuita y periodista estadounidense Thomas Reese, en vísperas de la celebración de la segunda fase del Sínodo de la Sinodalidad, donde parece desactivada la cuestión del diaconado femenino.
“El Papa Francisco ha dejado perfectamente claro que se opone a ordenar mujeres como diáconos. Aunque no estoy de acuerdo con él, acepto que no veremos mujeres diáconos durante su pontificado. Pero si Francisco o cualquier otra persona se opone a ordenar mujeres diáconos, hay una solución sencilla: dejar de ordenar a nadie como diáconos y permitir que tanto mujeres como hombres desempeñen muchas de las mismas funciones que los catequistas”, señala Reese.
“No hay nada que un diácono pueda hacer que un laico no pueda hacer. No digo que muchos diáconos varones no hagan un trabajo maravilloso para la iglesia. Simplemente digo que podrían hacer el mismo trabajo sin la ordenación”, señala y, en su apuesta por ese cambio, afirma que “el diaconado tiene desventajas que los catequistas no tienen”.
“Como clérigos, la diócesis es responsable financieramente de ellos según el derecho canónico. Si la esposa de un diácono muere, él no puede volver a casarse a menos que obtenga una dispensa, que no siempre se concede. Si un diácono tiene problemas, la iglesia debe usar el mismo proceso canónico complicado que se usa para laicizar a los sacerdotes”.
“Limitar el diaconado y el sacerdocio a los hombres es doloroso para muchas mujeres en la Iglesia, pero si no podemos ordenar mujeres como diáconos, no hay razón para que tengamos que ordenar hombres. Si el objetivo de la ordenación es simplemente dar al diácono un mayor estatus, se trata de otra forma de clericalismo”, subraya Reese.
Si se permitiera a los diáconos realizar la confesión y de la unción de los enfermos en casos de emergencia, prosigue el religioso, “tendrían algo importante que hacer que un laico no puede hacer. Pero como no pueden, podemos prescindir de ellos. La Iglesia existió durante siglos sin el diaconado permanente”.
“Si la Iglesia no necesita diáconos, tampoco necesita diaconisas. La Iglesia de los Estados Unidos haría bien en seguir el ejemplo de la Iglesia africana y olvidarse de los diáconos y desarrollar un ministerio de catequistas”, concluye.
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