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"Este oficio sacramental debería abrirse a las mujeres. Lo llevamos esperando mucho tiempo"
“No creo que esa sea la voluntad de Dios”. Peter Hünermann, uno de los teólogos alemanes más importantes de la segunda mitad del siglo pasado, lo tiene muy claro. No hay ningún impedimento para que a mujer pueda acceder al diaconado. Pero no sólo eso: tampoco al sacerdocio. Profesor de Dogmática durante décadas en Munster y Tubinga, a sus 96 años mantiene intacta su lucidez y los argumentos que le llevan a esa postura, tal y como se demuestra en la entrevista concedida al portal Katholisch.
“Sí, las mujeres deberían ser ordenadas como diáconos. Este oficio sacramental debería finalmente abrirse a las mujeres. Lo llevamos esperando durante mucho tiempo. Sé que las decisiones de la Iglesia son procesos lentos. Se necesita mucha paciencia”, señala el sacerdote.
Sigue siendo muy común entre quienes se oponen a este derecho escucharles el argumento de que Jesús sólo eligió a apóstoles. “Cuando se terminó la construcción de Santa Sofía, la iglesia catedral de Constantinopla, en el siglo VI, 56 diaconisas formaban parte del clero de la catedral”, refuta el teólogo con un dato elocuente.
Pero, además, recuerda que el propio Jesús también llamó a Junias y María Magdalena “a ser apóstoles, testigos de la resurrección”. “Son mencionadas por su nombre en el Nuevo Testamento”, apuntala, para añadir que “los oficios post-apostólicos en la Iglesia surgen del trabajo de los apóstoles. Por tanto, se puede esperar con razón que las mujeres ocupen puestos en la Iglesia en la sucesión de los apóstoles. Es sencillamente erróneo que los hombres de hoy en la Iglesia no quieran ver esto”.
Y va más allá Hünerman en su reivindicación del papel de la mujer en la Iglesia: “Sí, a las mujeres se les permite ser clérigos. Es una tontería que todavía hoy se excluya a las mujeres de este cargo eclesiástico. No hay ningún fundamento teológico ni bíblico en contra de ello”.
Así las cosas, no ve el prestigioso profesor emérito razón de peso alguna para que no acaben de darse pasos efectivos en su consecución, sobre todo, en la ordenación diaconal femenina, un deseo que en Alemania ya se había planteado mucho antes del Concilio Vaticano II.
Un anhelo que, como expresa Hünermann, venía de mucho antes. Por ejemplo, recuerda, “cuando Ellen Ammann, miembro del Parlamento del estado de Múnich, fundó en 1903 la Asociación de Mujeres Católicas Alemanas, se dirigió al profesor y más tarde arzobispo y cardenal de Múnich, Michael von Faulhaber, y exigió su ordenación y la de sus cofundadoras al diaconado. Pero él se negó. Más tarde, en la década de 1970, hubo un movimiento de mujeres en Estados Unidos que abogó por el diaconado. Realizaban actividades diaconales y preguntaron por qué no se les permitía ejercer esos cargos. En esa época fueron ordenados los primeros hombres en las diócesis como diáconos permanentes. Fue decepcionante para estas mujeres que no fueran también ordenadas”.
Incluso él, junto con otros eclesiásticos, comenzó una tarea de preparación de mujeres para el diaconado en Alemania. Aunque no acabó como esperaban. “Aquello comenzó en el Sínodo de Würzburg, entre 1971 y 1975. En ese momento, yo y otros abogamos por la ordenación de mujeres como diáconos. Sin embargo, los obispos no permitieron la votación. Finalmente, acordaron que era permisible votar sobre enviar la petición a Roma de examinar si era siquiera posible un diaconado para mujeres. Esta votación recibió amplio apoyo. Pero Roma nunca respondió a esta petición sinodal”.
Una respuesta que, quizás, pueda llegar de la mano de Francisco y del proyecto sinodal en el que él ha embarcado a la Iglesia universal. Quizás.
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