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(Flama).- La tecnología ha permitido que este 15 de noviembre cerca de treinta personas pudieran seguir telemáticamente las disertaciones de Daniel Esparza, Francesc Torralba, Rosa Maria Alsina y Míriam Díez en un nuevo webinar organizado por el Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura alrededor de la cuarta encíclica del papa Francisco, Dilexit Nos, publicada el pasado 24 de octubre.
Y la tecnología ha sido una de las protagonistas en un debate sobre cómo se puede redescubrir el corazón (al margen de ser creyente o de no serlo) "en un contexto donde parece tener mayor relevancia la racionalidad técnica", tal y como decía Esparza, miembro del Observatorio y moderador del acto.
La devoción del corazón de Jesús que Francisco plantea en esta nueva encíclica -una cuestión con la que el Pontífice "ha sorprendido a la mayoría de lectores y lectoras", para el filósofo y teólogo Francesc Torralba, ya que "lo habíamos etiquetado como un Papa social"- llevaba a los participantes del debate a barrer hacia su terreno profesional. Por eso, Torralba ponía de relieve la influencia de pensadores como San Agustín o Blaise Pascal en el texto del Papa argentino, “que tiene la voluntad de ir al núcleo de la persona y utilizar la categoría de corazón como elemento clave para hacer una separación cualitativa entre el ser humano y los artefactos tecnológicos que construye".
Para el filósofo, "el corazón tiene razones que no puede predecir el tecnólogo", y, así, actúa en una "racionalidad cordial", un concepto que fue acuñado por la filósofa valenciana Adela Cortina.
Sin embargo, esta separación no existe en terrenos como el de la superficialidad y la mentira, en los que se mueven las redes sociales, cada vez con más presencia de la población y "capaces de hacer que seamos [virtualmente] lo que no somos", como reflexionaba la directora de Investigación e Innovación de La Salle-URL, Rosa Maria Alsina. Otro de los aspectos que remarcaba la experta en ingeniería era “la mirada social que propone el Papa en medio de unas sociedades líquidas y consumistas, en las que la tecnología también secuestra”.
A esta "mirada social", nacida desde el instinto humano para Alsina, también se refería la directora del Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura, Míriam Diez Bosch, que hablaba del "cambio personal" necesario para poder solucionar, una vez experimentado, los problemas del mundo, a los que el Papa ha dedicado a otros encíclicos, como las migraciones o el cambio climático. "Francisco nos interpela a todos y todas para decirnos que el punto de partida no puede ser el tecnológico", añadía la periodista.
Abierta esta redefinición humana propuesta desde el corazón, un elemento de reflexión que recordaba Torralba era el del endurecimiento del corazón, como síntoma de indiferencia, ante tragedias humanas y naturales como las que suceden, también, en el primer mundo. "El corazón va más allá de una devoción decimonónica y, dando un salto mortal muy arriesgado, el Papa también nos lo presenta como el órgano que nos hace tomar conciencia del sufrimiento del otro; por tanto, si no tenemos un corazón esponjoso la indiferencia va en aumento", reconocía.
Este amor al prójimo formulado desde el corazón, válido para ser contemplado desde cualquier confesión e ideología para Díez, se convertía en una de las cuestiones finales de un intercambio de ideas sobre una encíclica del papa Francisco que abre nuevos horizontes y, en palabras de Alsina, "puede llegar a los futuros ingenieros", de los que dependerá la forma en que el mundo conducirá las nuevas tecnologías próximamente. Al menos, a aquellos ingenieros "formados en universidades católicas", sentenciaba Rosa Maria Alsina.
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