"Acogerlos no es una opción política, es una exigencia evangélica"
Ética de mínimos cristianos con los migrantes
'La sinodalidad, desde los pobres', una visión desde el Dicasterio de Servicio al Desarrollo Humano Integral
Tras ‘cargar las pilas’ durante el encuentro con el Papa Francisco, los participantes del III Encuentro de Iglesias Hospitales de Campaña tuvieron la oportunidad de abordar “la sinodalidad desde los pobres”, con la participación de María Dolores Sánchez Galera y Sergio Massironi, responsables del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que preside el cardenal Czerny.
“¿Cuáles son los resultados del Sínodo para la escucha del grito de los pobres?”, se preguntó el técnico del dicasterio. “Las sensaciones son varias: de un lado, la profunda alegría de haber participado en el Sínodo, con una experiencia de Pentecostés, dejarse transformar por la experiencia del otro, liberándonos de la discusión constante” y centrándonos en “la escucha”.
Y, del otro lado, “hubo una cierta decepción por las expectativas que se generaron en algunos temas” que se han quedado en “comisiones de estudio” en el documento final del Sínodo. Otro de los temas que surgen en la Iglesia sinodal es que “todos somos protagonistas” y es preciso “hacer espacios”. En este camino, “los pobres son necesarios, y no han sido siempre el centro”.
Con todo, y pese a que no se han alcanzado grandes logros, sí que se ha visto una “revolución” en los procedimientos, con la participación de laicos, mujeres, casados, y también pobres. “¿Cómo ven la economía, cómo ven la sociedad, cómo ven el mundo los pobres?”, se preguntó. Esta participación “es un punto de no retorno”, que vincula automáticamente el pontificado de Francisco con el Concilio Vaticano II y la opción preferencial por los pobres.
“Esta opción se trae a Roma, para que sean parte de un proceso, con voz y voto, igual que los obispos”, recalcaron los expertos. “Hay personas que representaron en el Sínodo a los movimientos populares, y es importante pensar que todos juntos han suscrito un documento que supondrá una orientación magisterial, en el que todas las voces están presentes”, enfatizó María Dolores Sánchez Galera.
“No hemos recuperado esos doscientos años de retraso de los que hablaba Martini, pero la Iglesia ha dado pasos de gigante en este sentido. Es importante reconocer que hay resistencias al cambio, entender de dónde vienen dichas resistencias, y saber cuál es nuestro trabajo”, señalaron.
Algunos puntos del documento final del Sínodo, como el 6 y el 19, hablan de los pobres como “sujetos de la evangelización”, no sólo objeto. En el 23, se señala que el trabajo con los desfavorecidos será un espacio de crecimiento del ecumenismo. En el punto 36, se sostiene cómo los pobres, las mujeres, los vulnerables, han estado apartados” del trabajo de la Iglesia.
En el 48 se nos dice que traer la voz de los pobres al Sínodo es una crítica al modelo actual, y una voz profética al cambio, añadió Sánchez Galera. “Traemos a los pobres a que den voz a las minorías, excluidos de nuestros sistemas económicos y políticos. En este número queremos hacer énfasis a esta voz profética”.
Finalmente, en los puntos 83, 141 y 153 el Sínodo está dando una orientación del Evangelio de los pobres, de los últimos.
Respecto al trabajo sinodal sobre y con las periferias existenciales, se han escuchado 508 experiencias de todo el mundo, y el aspecto más sorprendente es que todos convergían en una llamada fuerte a la renovación de la Iglesia. “Los pobres ven evidente la necesidad de la renovación en la Iglesia", recalcaron ambos. Algo que se ve sobre todo en las iglesias más jóvenes, no tanto en Europa, donde el clericalismo es muy potente. "Se ha abierto una puerta que no se va a volver a poder cerrar", concluyó Massironi. "Nos permite juzgar la palabra desde la palabra".
"Los pobres saben que Dios opta por ellos", matizó en el turno de preguntas María José Caram. "Sabemos las oposiciones que tiene Francisco en la Iglesia, y tenemos que estar vigilantes", recalcó la teóloga argentina, quien advirtió de que las resistencias están bien organizadas. "Cuidemos este tesoro, porque nada nos garantiza que no vayamos a sufrir en el futuro".
"Pienso que es difícil imaginar que, después de esta experiencia, vuelva a haber un Sínodo solo de obispos, o que las mujeres no puedan votar"
Sobre estas resistencias, desde el dicasterio se apuntó que "la preocupación de no dar marcha atrás. ¿Qué está en juego? La relación con la realidad, y la relación con la Revelación". Así, en el Vaticano I, la Iglesia entra en el mundo "para salvarlo, porque es la portadora de la liberación". En cambio, el Vaticano II reconoce que en este mundo "Dios está presente, habla a la Iglesia y habla de la liberación de los pobres. El Vaticano II hablaba de los signos de los tiempos". En su opinión, "tengo la sensación de que Francisco está ganando la partida". Pero ahí está la lucha. "Pienso que es difícil imaginar que, después de esta experiencia, vuelva a haber un Sínodo solo de obispos, o que las mujeres no puedan votar".
También te puede interesar
"Acogerlos no es una opción política, es una exigencia evangélica"
Ética de mínimos cristianos con los migrantes
Arnold Schwarzenegger, estrella del 'Raising Hope for Climate Justice'
'Terminator', junto a León XIV para acabar con la contaminación: "Estamos matando a los niños"
6 de octubre a las 19:00 h. en el Instituto Cervantes
Acto público en Madrid contra el genocidio en Gaza: Un llamado ético a la conciencia colectiva
Con 5,7 millones de personas, Malaui, en situación de inseguridad alimentaria extrema
Manos Unidas y la Granja Chipunga: Cambios que merecen la pena allí donde nadie llega
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma