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Manos Unidas analiza qué hay detrás de esta oscura realidad
(Manos Unidas).- África cuenta unas perspectivas económicas optimistas. El pasado mes de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI), indicaba que su PIB crecerá un 4 % en 2025, cifras por encima de la media mundial (3 %) y muy superiores a las de la zona euro (1 %) o de América Latina y el Caribe (2, 2 %). Pero este repunte macroeconómico no se traducirá en un progreso real.
Somalia, Sudán del Sur, República Centroafricana y Níger encabezan el ranking de países más pobres del mundo, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Al margen de sus diferencias y particularidades, todos ellos tienen algo en común: aunque cuentan con abundantes recursos naturales, la pobreza crónica marca la vida de sus habitantes.
¿Qué hay detrás de esta paradoja?
Estos cuatro países africanos enfrentan desafíos políticos, económicos y sociales significativos que contribuyen a sus altos niveles de pobreza. Al mismo tiempo, son ricos en tierras fértiles, reservas minerales y potencial humano, lo que abre la puerta a inmensas oportunidades de desarrollo.
En Somalia, 4,4 millones de personas pueden sufrir hambruna extrema y 1,7 millones de niños padecerán desnutrición aguda antes de que acabe 2025, según la ONU. El país, que ha estado marcado por décadas de guerra civil, afronta el próximo mes de septiembre un momento histórico que busca fortalecer la democracia en la región: las primeras elecciones directas en más de medio siglo. No obstante, esta iniciativa está encontrando fuertes resistencias de líderes locales que se han beneficiado del desgobierno y de las desigualdades.
Sudán del Sur, el país más joven del mundo (independiente desde 2011), cuenta con petróleo, tierras fértiles y abundante ganado. Sin embargo, la inestabilidad política y la violencia han sumido a más de la mitad de su población en inseguridad alimentaria. La pugna por el poder entre el presidente Salva Kiir y el vicepresidente Riek Machar ha paralizado el desarrollo, mientras que 6 de cada 10 personas carecen de agua potable, educación o atención sanitaria y 2, 7 millones de niños no pueden ir al colegio.
La República Centroafricana posee diamantes, oro y tierras agrícolas de gran potencial, pero sufre una fragilidad institucional extrema. Grupos armados controlan gran parte del territorio y la violencia recurrente mantiene desplazadas a más de medio millón de personas. Además, según la ONU, 3,4 millones necesitan ayuda humanitaria y casi la mitad no tienen suficiente para comer. La deriva autoritaria y la inestabilidad política amenazan con provocar una nueva escalada de conflicto.
En Níger, las reservas de uranio, oro y petróleo conviven con una de las tasas de pobreza extrema más altas del planeta. La sucesión de golpes de Estado (el último en 2023) ha debilitado aún más unas instituciones ya frágiles en un país cuya tasa de analfabetismo es superior al 70 %. La falta de un Estado de derecho sólido frena el desarrollo y deja unas cifras de pobreza escalofriantes: 4,5 millones de personas, incluidos 2 millones de menores, dependen de la ayuda humanitaria, y alrededor de 3,4 millones sufren inseguridad alimentaria.
Factores como la inestabilidad y la corrupción política, los conflictos armados, la deuda externa y el cambio climático explican parte de las crisis en las que están sumidos estos territorios. Sin embargo, la ausencia de gobernabilidad democrática sólida adquiere un papel protagonista, una realidad que bien podría extenderse a los 33 países más pobres del mundo (todos africanos salvo Yemen, Afganistán y Pakistán).
Como recoge el análisis de Informe a Fondo del último número de la revista de Manos Unidas, la raíz de la pobreza en buena parte de África no está en la falta de recursos, sino en la captura de los frágiles sistemas políticos por élites locales y militares (a menudo con apoyo de potencias externas), que priorizan el control del poder y de los recursos por encima del bienestar colectivo.
Sin embargo, allí donde existe una gobernabilidad democrática real, basada en la alternancia pacífica, el diálogo inclusivo y la rendición de cuentas, la calidad de vida mejora de forma sostenida. El contraste es evidente con países africanos como Botsuana o Cabo Verde, que han conseguido avanzar en desarrollo humano gracias a instituciones fuertes y estables. Una prueba de que la democracia no solo garantiza derechos y libertades, también es un motor para la inversión, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.
Desde sus inicios, Manos Unidas trabaja en África junto a socios locales para mejorar las condiciones de vida de sus pueblos. Hoy, estamos presente en 33 países del continente, incluyendo los cuatro analizados en este artículo. En la última década, hemos apoyado un total 2.457 proyectos en sectores clave como la educación, la salud, el acceso al agua, el saneamiento, la seguridad alimentaria, la promoción de la equidad de género, los derechos humanos llegando a más 9,5 millones de personas. Además, hemos dado respuesta a emergencias humanitarias provocadas por crisis climáticas, violencia armada o hambrunas.
Como hemos visto en este artículo, el continente africano se enfrenta a nuevos y antiguos retos, pero su futuro está aún sin decidir. Para Manos Unidas, ese futuro solo puede construirse desde la prosperidad compartida, entendida esta como un compromiso común y conjuto, donde el bienestar individual está intrínsecamente ligado al bienestar de todas las personas que forman parte de nuestra comunidad y al cuidado de nuestra casa común, nuestro planeta.
"Compartir la prosperidad con África significa apoyar a sus poblaciones para que diseñen y construyan activamente ese futuro"
Manos Unidas lo hace a través de proyectos de desarrollo integral que fomentan su autonomía y mejoran sus condiciones de vida: desde la construcción de escuelas y programas de alfabetización hasta la capacitación en oficios y agricultura sostenible, la creación de cooperativas y microempresas, el acceso a agua potable y atención sanitaria, o la defensa de derechos y el liderazgo local.
Puedes profundizar más sobre la problemática de estos cuatro países, las causas de su estancamiento, así como las principales esperanzas del continente africano descargándote en este enlace el análisis en el que está basado este artículo.
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