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Según un estudio de Manos Unidas para su Campaña anual
La investigación buscaba saber la percepción de los jóvenes sobre la «Justicia Climática», que es el eje de la nueva campaña de la ONG de la iglesia católica, así como su grado de conocimiento sobre la conexión entre la pobreza y la crisis climática.
La principal conclusión es que «Al 76 % de los jóvenes les preocupa mucho o bastante la crisis climática». Es decir, nuestros jóvenes saben lo que es y están preocupados por el cambio climático. Son conscientes de que este está vinculado a la actividad humana, al «Efecto Ser Humano».
Las nuevas generaciones vienen equipadas con una alta sensibilidad hacia las cuestiones ambientales, y saben perfectamente que nuestro futuro, el futuro de todos, está ligado en buena medida a nuestra capacidad de cuidar de la tierra y de sus recursos.
Consultados sobre la llamada «Justicia Climática», apenas un 10 % sabe lo que eso significa, mientras que un 40 % no encuentra ninguna relación entre el cambio climático y la pobreza en el mundo y las desigualdades.
Un tercio de los jóvenes asocia la «Justicia Climática» con cuestiones como el acceso universal a los recursos energéticos, las diferentes responsabilidades de los gobiernos o la reducción de gases de efecto invernadero. Por otro lado, a lo que menos lo relacionan es con consumir menos para que todos tengamos lo necesario para vivir con dignidad.
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Preguntados por las acciones más importantes para acabar con la «(In)justicia Climática», 7 de cada 10 jóvenes españoles consideran que las acciones de las empresas y los gobiernos de los países desarrollados son las que más pueden contribuir a ello, poniendo en último lugar, con solo un 47 %, los cambios en el propio estilo de vida y de consumo.
Aunque los jóvenes son conscientes de que hay una conexión directa entre nuestros patrones de vida y el deterioro del planeta, siempre tendrán mayor disposición a cambiar en aquello que trastoque menos su propia economía (dejar de desperdiciar comida, optar por alimentos de temporada, etc.) que cambiar en aquellas cosas que les suponga una merma económica (comprar ropa de calidad que dure más tiempo, apostar por marcas sostenibles, comprar un coche eléctrico, etc.).
Sorprende, por decepcionante, la poca motivación para intentar cambios más profundos de hábitos, como consumir menos carne o viajar menos en avión.
Pese al dato preocupante con el que hemos acabado el anterior apartado, todavía hay una ventana a la esperanza, ya que el 76 % de los jóvenes creen que es posible cambiar hacia un mundo mejor.
Con relación a la percepción de las propias capacidades de las generaciones jóvenes para cambiar el mundo a mejor, existe en ellos una convivencia simultánea entre esperanza y pesimismo. El 76 % de ellos cree que es posible cambiar, que está en nuestras manos, que tenemos capacidad para modificar el rumbo.
Pero al mismo tiempo se reconocen “pesimistas” en la medida en que, para que esto acontezca, es necesario el compromiso y la participación de todos, y de todos los actores, gobiernos, empresas, sociedad, individuos. Y muchos jóvenes dudan que esto sea así.
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En Manos Unidas seguimos convencidos de que la implicación de los jóvenes es y será fundamental en la lucha contra la injusticia climática y el cuidado de nuestra Casa Común.
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