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Barreto, agradecido, pide que la suma de voluntades en Colombia para "la construcción de un mundo mejor" continúe en 2021
Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó, es consciente de que las necesidades del Pacífico colombiano requieren transformaciones estructurales. La jurisdicción eclesiástica a su cargo participa de manera permanente en acciones de incidencia política para obligar al Estado a dar una respuesta oportuna a la grave crisis humanitaria sufrida en la franja occidental del país por cuenta de la guerra y de la marginación.
Los más afectados por la violencia en la región son los pueblos indígenas y las comunidades negras que hace años, de la mano de la Iglesia católica, le han exigido al Gobierno y a los grupos armados asentados en sus territorios un acuerdo que garantice a la población civil el respeto de sus derechos. Las economías ilegales asociadas al narcotráfico y a la minería mecanizada en Chocó atentan contra la autonomía de los grupos étnicos y ponen en jaque su soberanía alimentaria; destruyen sus ríos y ecosistemas con un impacto nefasto sobre sus prácticas tradicionales de producción y sobre su identidad cultural. Los enfrentamientos por cuenta de la guerra confinan a las comunidades y las someten a toda suerte de abusos; coartan su libre movilidad, impiden que sean atendidas por brigadas médicas y exponen a las mujeres y a las niñas a la violencia sexual, a la sombra de los fusiles.
A lo largo de 2020, la pandemia del coronavirus hizo todavía más angustiosa la situación para la población civil. Por eso las acciones de solidaridad inmediata se hicieron más urgentes que nunca. Inicialmente, la diócesis de Quibdó se sumó a la Cruz Roja y a otras instituciones y organizaciones de la sociedad civil para reunir y distribuir alimentos en los 30 municipios del departamento de Chocó. Como fruto de esa articulación, fueron entregados tres mil mercados: cien por municipio; y la jurisdicción participó, además, en la entrega de 3.260 kits de bioseguridad e higiene y de equipos para los hospitales y centros de salud de la región.
Pero en el momento más crítico de la pandemia y con la irrupción de la ola invernal en el departamento, diez mil mercados adicionales fueron conseguidos y distribuidos por gestiones específicas de la iglesia local, en alianza con numerosas instituciones y organizaciones del ámbito nacional e internacional, entre ellas Cáritas, Misereor e, incluso, la Universidad de Glasgow.
En un pormenorizado informe de cierre de año, haciendo extensiva su gratitud para las diversas entidades que se sumaron a la campaña contra el hambre, monseñor Barreto rindió cuentas de los aportes recibidos específicamente por la diócesis de Quibdó. Ya en abril, con un mensaje difundido a través de las redes de la Conferencia Episcopal de Colombia, el obispo había destacado la importancia de este tipo de ayuda, al servicio de una región con altos índices de desempleo y de informalidad laboral por causa de la omisión de las instituciones del Estado frente a sus responsabilidades. Ahora, con sus deseos de una navidad feliz, el prelado pidió que en 2021 continúe la suma de voluntades para “la construcción de un mundo mejor”. Lo inspiran las palabras del papa Francisco: si no se resuelven los problemas de los pobres no se resolverán los problemas del mundo.
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