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El cardenal Osoro visitó anoche a una veintena de refugiados, acogidos en las iglesias de Madrid
"¿Y si yo también tuviera que salir de mi país porque allí no tengo posibilidades de vivir?". Cuando ya de madrugada, el cardenal de Madrid, Carlos Osoro, regresó a su casa después de pasar toda la tarde con un grupo de 20 refugiados en situación de asilo, que están siendo atendidos por Cáritas y varias parroquias de la capital, no podía dejar de pensar en esa pregunta.
Y en las posibles respuestas, de uno y otro lado de las invisibles (pero reales) fronteras que se dan. La del Occidente rico y temeroso del extranjero, y la del que llega, en la mayor parte de los casos con una mano delante y otra detrás.
"Me puse junto al Sagrario a rezar. Y pensé que yo me sentiría perdido, en un sitio desconocido, sin saber el idioma, sin tener ningún contacto, sin familia ni amigos. Sin pasado", relata a RD Osoro
El purpurado visitó anoche las oficinas de la vicaría IV de Cáritas, donde se reunió con voluntarios y trabajadores, así como con jóvenes y familias que, tras una odisea -desiertos, olas, mafias, concertinas- lograron alcanzar nuestro país. Un encuentro que se abrió con una Eucaristía esa misma tarde, en la parroquia Nuestra Señora de la Paz, con las personas extranjeras acogidas.
Después, al filo de la medianoche, el purpurado conoció de primera mano la acogida de emergencia, habilitada por los dominicos con la Mesa por la Hospitalidad en la basílica de Atocha, para familias solicitantes de asilo no atendidas por las administraciones, revela Archimadrid.
"Si no acogemos al que no tiene nada, ¿qué cristianismo tenemos?", se cuestiona Osoro. "Estas personas se quedaron sin nada, no salieron de sus países por gusto". "Les tengo un cariño tremendo", confiesa el cardenal, que no es la primera vez que visita a solicitantes de asilo en Madrid.
"¿Y si yo también tuviera que salir de mi país porque allí no tengo posibilidades de vivir?", vuelve a preguntarse el purpurado. "Es una gran pregunta para la Humanidad. Y la respuesta sólo puede salir del corazón", responde. "Porque, si tenemos que ver qué piensa la otra persona para decidir si la ayudamos o no, ¿qué cristianos seremos?", concluye.
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