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En Bolivia, a los 90 años, tras sufrir un ictus
(Diócesis de Palencia).- Nicolás Castellanos Franco, obispo emérito de Palencia, ha fallecido este 19 de febrero en Bolivia a la edad de 90 años a causa de un ictus tras no haber logrado superar una operación de un coágulo en el cerebro. La fecha y lugar de la misa exequial por su eterno descanso se anunciarán oportunamente según han informado desde la diócesis palentina. "Como familia diocesana, nos unimos en la oración por su perdida y a la esperanza de la Resurrección".
Nacido en Mansilla del Páramo (León, España) en 1935, descendiente de una familia humilde, su padre, Severiano Castellanos Castellanos, labrador y minero, y su madre, Ángela Franco Franco, ama de casa. Pese a que su familia fuese sencilla, dieron una buena formación a sus tres hijos. Nicolás era el menor de tres hermanos, Demetrio y Hermógenes, ya fallecido.
Nicolás Castellanos ingresó de adolescente en la Orden de San Agustín, donde realizó sus primeros votos en Palencia el 10 de septiembre de 1953; tras realizar sus estudios eclesiásticos en el monasterio burgalés de Santa María de la Vid, se licenció en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma y se diplomó en el Pontificio Instituto Teresianum de Espiritualidad, también en la capital italiana. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1.959.
De 1962 a 1969 ocupó el puesto de director espiritual del Colegio San Agustín de Palencia, en el que posteriormente, de 1969 a 1973, ejerció como director. En esta época, impartió clases de pedagogía en el Instituto de Ciencias de la Educación de Valladolid y escribió varios libros de teología orientados hacia la vocación pastoral. Presidente de la Confederación Española de Religiosos (Confer), Nicolás Castellanos, fue Provincial de los Agustinos de España de 1973 a 1978, puesto que a partir de 1974 compatibilizó con el de presidente de la Federación de Agustinos de España. Cuando disfrutaba de su segundo mandato como provincial, le llegó en julio de 1978 el nombramiento de obispo de Palencia, recibiendo la ordenación episcopal el 30 de septiembre del mismo año, de manos del nuncio apostólico Monseñor Luigi Dadaglio.
Como Obispo de la Diócesis de Palencia, Castellanos siguió una vida sencilla, sin cambiar su domicilio habitual en la Plaza San Miguel para ir a vivir al Palacio Episcopal, ejerciendo el ministerio de Obispo y Pastor al estilo evangélico, siempre al lado de los más débiles, cercano y amigo de todos. Disfrutaba visitando zonas marginales, compartiendo con la gente humilde, los ancianos; saludando con ternura y cariño a todos los niños huérfanos y vivió cada rincón marginal de su Diócesis. Trece años de trabajo apostólico al lado de cada pueblo y cada hombre y mujer, siempre sensible e inclinado hacia los pobres, siente que su opción por ellos ha de ser llevada entre ellos.
En la CEE fue miembro de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades (1981-1990) y de la Comisión Episcopal de Pastoral (1984-1987). También perteneció a la Comisión Episcopal de Límites de 1987 hasta 1991. En 1991 sorprendió a todos presentando su renuncia como obispo, que acabó por serle concedida el 4 de septiembre por el papa Juan Pablo II. Marchó entonces como misionero a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, para dedicarse por entero a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad, gesto profético que se hace sentir en la sociedad española y en toda la Iglesia.
El 6 de agosto de 1991 se despidió de su Diócesis de Palencia: "Cuando recibáis esta mi última Carta Pastoral, que hace la número 26, ya no seré vuestro Obispo y Pastor, seré solo y para siempre vuestro hermano y amigo que os quiere de corazón... Me he decidido a dar este paso solo por fe, amor, y cariño a mi Iglesia de Palencia, y por amor a los pobres del Tercer Mundo...".
Llega a Bolivia en 1992 y es acogido en la Archidiócesis de Santa Cruz por Monseñor Julio Terrazas. Instala su vivienda en la Ciudadela Andrés Ibáñez (más conocida como Plan Tres Mil), donde funda el Proyecto Hombres Nuevos e inicia de inmediato una actividad infatigable y febril a favor de este barrio, considerado uno de los más empobrecidos y abandonados de la ciudad capital del departamento.
Su acción social, vasta y bienhechora, trasciende a otras regiones del país. De recia personalidad, de inquebrantable carácter, de voluntad que no conoce obstáculos ni desalientos, este misionero del amor en Cristo y en el hombre vivió desde entonces en Bolivia, ajeno a ese relumbrón que señala a los simuladores, los vanidosos y los prósperos.
Es esa fe, cristiana y humanista, la que fortalece su espíritu, la que lo lleva, años después, en 1999 a crear en España la Fundación Hombres Nuevos, con el fin de "construir una nueva sociedad a partir de la práctica cotidiana, individual y colectiva, de la solidaridad y la justicia social".
Nicolás Castellanos ha recibido a lo largo de su vida merecidos homenajes, premios y reconocimientos. El 4 de diciembre de 1991 fue galardonado con el Premio Nacional Justicia y Paz, y el 19 de junio de 1998 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. También ha sido galardonado con el Premio Castilla y León a los Valores Humanos (2001), y ha recibido numerosos reconocimientos de instituciones públicas y privadas de España y de Bolivia.
Prolífico escritor, publicó varios libros, además de numerosas colaboraciones en revistas tales como Religión y Cultura, Vida Religiosa, Seminario, Revista 21, Todos Uno, etc.., y escritos. Su prosa es atrayente, de lectura fácil y con profundo conocimiento de los temas que aborda. Mantenía también un blog en Religión Digital.
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