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Reclama esfuerzos de la comunidad internacional para no olvidar a desplazados y refugiados
El coronavirus sigue afectando a la mayoría de países del mundo. La pandemia no ha distinguido entre países desarrollados y en vías de desarrollo, entre economías solventes con sistemas sanitarios modélicos y regiones endeudadas y poblaciones desprotegidas. Sin embargo, estas últimas son las que más están sufriendo las consecuencias al haberse quedado sin trabajo y no tener acceso a los alimentos ni a los productos de higiene. La población refugiada, lejos de sus países de origen, es una de las más afectadas por la pandemia.
“El Covid-19 supone un alto riesgo en un campo de refugiados y es difícil cumplir con losprotocolos de seguridad y la distancia”, explica el misionero Lazar Arasu que trabaja en el asentamiento de refugiados de Palabek, en el norte Uganda. En este asentamiento viven más de 56.000 personas y es, como otros campos de refugiados, un lugar de alto riesgo.
Más de 79,5 millones de personas en el mundo viven lejos de lugares de origen. Más de 34 millones lo hacen, además, en otro país, convirtiéndose en refugiados. Cada día 37.000 personas se ven obligadas a abandonar sus hogares y el coronavirus no ha frenado esta situación. Al miedo al contagio y a que se produzca un brote entre las personas refugiadas se suman la falta de alimentos, la falta de acceso a la sanidad, el cierre de las escuelas y de las parroquias y la obligación de permanecer en casa confinados.
En el asentamiento de refugiados Palabek en Uganda, por ejemplo, hay alrededor de 30.000 niños y niñas sursudaneses y “ahora no tienen nada que hacer. Tras el cierre de los colegios y la difícil situación a la que se enfrentan están teniendo problemas de ansiedad y han visto empeorada su escasa calidad de vida”, explica Arasu.
Hace unos días se detectó el primer positivo en el asentamiento de una persona que viajó desde Sudán del Sur. “El asentamiento sólo tiene dos centros de salud y una ambulancia, pero durante algunos días vinieron muchas más de la ciudad para llevarse a más de 40 personas con las que había tenido contacto la enferma, así que esperemos que no se extienda”, asegura el misionero salesiano en Palabek Ubaldino Andrade.
También, debido a la pandemia, las raciones de alimentos para los refugiados se han reducido en un 30%. “Con lo que reciben los refugiados es imposible poder sobrevivir”, recalcan los misioneros salesianos.
Palabek es un ejemplo de la situación que viven los más de 79,5 millones de personas que tienen que abandonar sus hogares por la violencia o las persecuciones. En el Día Mundial del Refugiado, que se celebra el próximo sábado, 20 de junio, desde MISIONES SALESIANAS queremos pedir a la comunidad internacional que no los dejemos solos. “No podemos volver a fallar a estas personas que no tienen nada, que dejaron atrás sus hogares, su familia, sus amigos… para salvar la vida. Debemos ser refugio”, advierte José Antonio San Martín, director de la organización.
En MISIONES SALESIANAS atendemos a más de 400.000 personas refugiadas y desplazadas. Trabajamos en campos como el de Kakuma, en Kenia, o Palabek en Uganda, pero también atendemos a personas en las fronteras como la de México con EEUU o en Colombia y Perú con los desplazados venezolanos. También en Egipto con refugiados sursudaneses, en Turquía con refugiados de Afganistán, Siria y Pakistán y en Europa ofreciendo alternativas a las personas que llegan con dificultades, sobre todo a los menores no acompañados (MENAS).
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