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La ONGD continúa transformando realidades marcadas por el hambre, la pobreza y la desigualdad
Durante el primer semestre de 2025, Manos Unidas ha impulsado 235 proyectos de cooperación al desarrollo en Asia, África y América Latina, con una inversión de 14,75 millones de euros. Más de 518.000 personas —de las cuales 309.000 son mujeres— han recibido apoyo directo gracias a miles de personas comprometidas con un mundo más justo.
Cada uno de estos datos tiene detrás una historia de lucha, de esperanza y de transformación. Son pequeñas ventanas abiertas a una nueva vida para miles de personas, víctimas del hambre, la pobreza y la desigualdad.
Todos los proyectos responden a una necesidad concreta, manifestada por las propias comunidades con el acompañamiento de nuestras organizaciones socias. Porque, en Manos Unidas, entendemos que el desarrollo no se impone, sino que se construye desde dentro, con la persona situada en el centro de todas nuestras acciones.
Con 96 proyectos y una inversión de 5,6 millones de euros, África concentra el mayor esfuerzo de Manos Unidas en el primer semestre de 2025. En un continente donde la pobreza extrema y el hambre son parte del día a día, hemos apostado por garantizar lo esencial para poder vivir.
Desde escuelas rurales que devuelven la esperanza a niñas y niños hasta centros de salud que atienden a madres sin recursos, pasando por proyectos agrícolas que enseñan a cultivar sin depender de grandes empresas, trabajamos para fortalecer a las comunidades desde sus raíces. También apoyamos la formación de líderes locales, porque cuando una comunidad se organiza, crece en dignidad y autonomía.
En una región golpeada por las grandes desigualdades sociales, las actividades extractivistas (minería, explotación petrolera y gasífera, agricultura y ganadería a gran escala…) y las consecuencias de la crisis climática, Manos Unidas ha desarrollado 73 proyectos con un presupuesto de 5,9 millones de euros. Y lo hemos hecho defendiendo dos pilares clave del desarrollo: los derechos humanos y la soberanía de los pueblos.
En estos seis primeros meses de 2025, hemos seguido acompañando a comunidades indígenas que luchan por su territorio, su cultura y su identidad. Promovemos medios de vida sostenibles para las comunidades campesinas frente a un modelo económico que los margina. Y apoyamos procesos de empoderamiento social —especialmente de mujeres y jóvenes—, convencidos de que no hay desarrollo sin equidad, ni justicia sin participación.
Pequeños huertos comunitarios, cooperativas de mujeres, escuelas de liderazgo juvenil o centros de formación técnica son ejemplos de cómo la cooperación puede transformar la realidad sin imponer modelos externos.
En Asia, el continente más poblado del mundo, es una potencia emergente en la que millones de personas siguen viviendo en condiciones de exclusión y sin acceso a servicios básicos. Allí Manos Unidas ha impulsado 66 proyectos con una inversión de 3,2 millones de euros, tendentes a abrir puertas al desarrollo y a la integración.
Muchos de estos proyectos están centrados en la educación y la capacitación de las mujeres, generalmente marginadas en una sociedad patriarcal. Estas iniciativas son esenciales para que la población más vulnerable –víctima también del anacrónico sistema de castas- pueda hacer realidad su derecho a tener una vida plena. Porque cuando una niña accede a la escuela o una mujer consigue un microcrédito para emprender, no solo cambia su vida: cambia toda su comunidad.
Los proyectos de Manos Unidas en Asia a lo largo de los seis primeros meses de 2025, tienden a promover, también, el acceso al agua potable, el saneamiento y la vivienda digna, fundamentales para la salud y la seguridad de millones de personas.
Todas estas iniciativas dan respuesta a las causas profundas del hambre y la pobreza:
Nada de esto sería posible sin el apoyo de nuestras organizaciones socias en terreno, los equipos técnicos, la invaluable labor de nuestros voluntarios y de las personas que colaboran desde España compartiendo tiempo, recursos y habilidades, cuya confianza nos permite seguir trabajando con transparencia y compromiso.
Porque, como recuerda nuestro secretario general, Ricardo Loy:
“Trabajamos para que la prosperidad, entendida como la oportunidad para que todos los seres humanos accedan a una vida digna, sea una realidad para los millones de personas marginadas y descartadas por políticas que priorizan el beneficio de unos pocos frente al bienestar de todos”.
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