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(Manos Unidas).- Vivimos en un mundo cada vez más golpeado por la crisis climática y la destrucción de los ecosistemas. Esta realidad se traduce en más sequías, inundaciones e incendios, y en condiciones de vida cada vez más difíciles para quienes dependen directamente de la tierra para sobrevivir. Trabajar para cambiar esta situación no es solo una cuestión ecológica, sino también de justicia. Millones de personas sufren hoy las consecuencias de una crisis climática que no provocaron y a la que apenas han contribuido. Porque ha llegado el momento de cambiar un mundo donde unos pocos agotan los recursos y millones de personas son los que pagan el precio.
Educación para garantizar un futuro digno para las comunidades indígenas
A pesar de que, históricamente, las comunidades indígenas y campesinas han sido quienes más han protegido los ecosistemas con respeto y sostenibilidad, hoy son quienes más sufren sus consecuencias. La destrucción de sus territorios por incendios, sequías y deforestación no solo amenaza sus medios de vida, sino también su identidad cultural y espiritual. Cada vez más comunidades enfrentan hambre, pérdida de cosechas, desplazamientos forzosos e incluso conflictos armados por el control de tierras y recursos naturales cada vez más escasos. Esta emergencia climática, agravada por la injusticia social, convierte su resistencia en una lucha por la supervivencia.
La educación y el empoderamiento de esas comunidades son herramientas clave para que estas comunidades puedan defender su territorio y construir un futuro digno. Por eso, desde Manos Unidas trabajamos junto a organizaciones locales y comunidades indígenas en proyectos que promuevan una transición ecológica justa. Apoyamos también, la adopción de modelos de producción agrícola respetuosos con el medioambiente, diversificados y sostenibles, que garanticen la seguridad alimentaria sin destruir los ecosistemas.
En el Bosque Seco Chiquitano, uno de los ecosistemas más amenazados de Bolivia. las comunidades indígenas chiquitanas defienden con valentía su tierra, su cultura y sus medios de vida frente a la deforestación, los incendios y un modelo extractivo voraz que pretende pasar por encima de sus modelos de vida.
En Bolivia, tan sólo en 2024, se produjo un aumento del 200 % en la pérdida de sus bosques tropicales, provocado por incendios forestales, sequías extremas y la expansión agrícola. Los incendios destruyeron más de 4 millones de hectáreas de bosques y pastizales, incluyendo áreas protegidas y territorios indígenas.
Pero la crisis climática va mucho más allá de números y estadísticas. Es una amenaza para la vida de comunidades milenarias. Para muchas familias de esta región de Bolivia cada jornada comienza con la incertidumbre de si habrá agua para beber o suficiente comida para alimentar a sus hijos. Mujeres que caminan kilómetros para recoger leña o encontrar un manantial que aún no se haya secado; niños que observan cómo el fuego arrasa los árboles bajo los que solían jugar; campesinos que, tras sembrar con esperanza, ven cómo la sequía destruye su cosecha por segundo año consecutivo. Sus días están marcados por el dolor de ver cómo su tierra, que durante milenios ha sido fuente de vida, ahora se ve amenazada.
En el Día Mundial del Medioambiente queremos reivindicar que cada acción solidaria cuenta. Cada proyecto, cada iniciativa con nuestros socios locales, cada mensaje, cada conversación para concienciar sobre esta realidad es una semilla de esperanza para miles de personas. Una ayuda fundamental para proteger su hogar, reconstruir su comunidad y preservar una forma de vida que es imposible sin un medioambiente sano y vibrante.
En lo concreto, junto con nuestro socio local, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA), trabajamos directamente con familias indígenas del Bosque Seco Chiquitano para recuperar su entorno y fortalecer su resiliencia. Entregamos semillas, acceso a agua potable, herramientas para la reforestación, recuperación de tierras agrícolas y formación para enfrentar de manera más efectiva futuros incendios. Así, buscamos no solo aliviar los daños sufridos, sino también reforzar la capacidad de estas comunidades para proteger sus territorios, reconstruirsus medios de vida y mantener viva su cultura en medio de una crisis climática que no da tregua.
Sin la voz de las mujeres, no hay justicia ecológica posible
En el corazón de este camino hacia una transición ecológica justa también late la lucha por los derechos de las mujeres y la equidad. Aunque la legislación boliviana reconoce los derechos de las mujeres, en las zonas rurales, especialmente en contextos indígenas y campesinos, las mujeres y niñas siguen enfrentando barreras estructurales: acceso limitado a la tierra y a los recursos productivos, escasa participación en espacios de toma de decisiones y, en muchos casos, situaciones de violencia y acoso cuando intentan alzar la voz.
Por eso, nuestros proyectos, ponen el foco en empoderar a mujeres y jóvenes, brindándoles formación, acompañamiento y herramientas para que ejercer sus derechos, participar activamente en sus comunidades y liderar procesos de transformación.
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