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La ONG de la Iglesia católica, que colabora con NPH, exige su liberación inmediata
(Manos Unidas).- Desde Manos Unidas queremos expresar nuestra más profunda solidaridad con la organización Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), tras el ataque perpetrado el domingo 3 de agosto en una de sus casas de acogida en Haití, el país más empobrecido del continente americano y actualmente sumido en una crisis humanitaria sin precedentes.
Durante la madrugada del 3 de agosto, un grupo armado irrumpió en la casa Kay St. Hélène, ubicada en Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe. El ataque culminó con el secuestro de nueve personas, entre ellas siete trabajadores haitianos, una misionera irlandesa y un niño de tres años con discapacidad.
La organización NPH, con una trayectoria de más de 35 años en Haití, gestiona múltiples proyectos esenciales para la protección y el bienestar de la infancia más vulnerable. Entre sus actividades destacan la gestión de casas de acogida para niños y niñas -incluidos aquellos con discapacidad-, así como el funcionamiento de centros hospitalarios que brindan atención médica de calidad a la población más desfavorecida en Puerto Príncipe y sus alrededores. Tras el ataque, NPH ha decidido suspender temporalmente sus actividades en el país como medida de protección para su comunidad y en firme rechazo a la violencia que sufre desde hace años.
Desde Manos Unidas, rechazamos cualquier forma de violencia, y más aún aquella dirigida contra personas que dedican su vida a cuidar, proteger y acompañar a los más vulnerables
Desde Manos Unidas, rechazamos cualquier forma de violencia, y más aún aquella dirigida contra personas que dedican su vida a cuidar, proteger y acompañar a los más vulnerables. Expresamos nuestra profunda preocupación por los hechos ocurridos y exigimos la liberación inmediata y segura de todas las personas secuestradas.
Trabajamos junto a NPH desde hace años en Haití, Guatemala y Nicaragua, y conocemos de cerca su dedicación incansable a favor de la infancia, las personas con discapacidad, la salud y la educación en contextos profundamente adversos. Su labor es hoy más necesaria que nunca.
La situación en Haití es alarmante: según datos de Naciones Unidas, en la primera mitad de 2025 más de 3.000 personas han sido asesinadas y casi 350 secuestradas. El colapso institucional, la violencia extrema y el control de bandas armadas sobre gran parte del país han provocado el desplazamiento forzado de 1,3 millones de personas.
En medio de este dolor, reafirmamos nuestro compromiso con NPH y con el pueblo haitiano. Reiteramos que, a pesar de las enormes dificultades, seguiremos caminando a junto a ellos con esperanza, solidaridad y una firme apuesta por la justicia y la dignidad humanas.
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