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La crisis anglófona provoca que cientos de personas huyan cada año del terror
(Manos Unidas).- Cuando Camerún consiguió su independencia en los años sesenta, las dos partes del país que habían sido divididas por el reparto colonial entre Francia e Inglaterra se unificaron. Los problemas de convivencia entre las partes, derivadas de una falta de representatividad por parte del gobierno proclive a la mayoría francesa, han dado lugar a un conflicto armado entre los rebeldes y el ejército. A esta crisis política se le suman altos niveles de desempleo, que afectan sobre todo a las zonas anglófonas –donde vive un quinto de los 26.000.000 de habitantes que tiene Camerún- y la violencia del grupo terrorista Boko Haram, que ponen en riesgo la estabilidad del país.
Esta situación ha provocado que más de 680.000 personas hayan tenido que desplazarse en la zona anglófona para huir de la represión y la violencia. Muchos buscan refugio en las zonas rurales, puesto que al estar más alejadas, tienen peor acceso y son más seguras. Ese es, por ejemplo, el caso de la zona de Fako, que se encuentra junto a la costa en el área de la selva ecuatorial.
El socio local de Manos Unidas en el terreno es MBONWEH (Woman Development Association), una organización de ayuda a mujeres que huyen con sus hijos y que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad. MBONWEH, aboga por la capacitación y empoderamiento de la mujer y la niña – frecuentemente discriminada – con la intención de que sus vidas no dependan siempre de la ayuda humanitaria.
Manos Unidas realiza junto a MBONWEH un proyecto de desarrollo productivo, en el que se plantea la formación de las mujeres campesinas desplazadas, en técnicas agrícolas sostenibles y modernas. Esta educación se complementa con cursos de gestión y comercialización de los productos agrícolas y tiene un componente de sensibilización en derechos fundamentales e igualdad de género.
Margaret Ngwa: "Aprender a utilizar las herramientas que me han dado me han salvado la vida. Ahora tengo ingresos, vendo al por menor las verduras de mi granja y con lo que gano mi hijo puede ir a la escuela secundaria"
Margaret Ngwa es una de las mujeres beneficiadas por la iniciativa, que gracias a las clases de alfabetización y de técnicas de cultivo, genera y vende productos local asegura «Aprender a utilizar las herramientas que me han dado me han salvado la vida. Ahora tengo ingresos, vendo al por menor las verduras de mi granja y con lo que gano mi hijo puede ir a la escuela secundaria».
Por su parte, para Vanessa, otra de las mujeres a las que apoya el proyecto, la formación ha sido esencial para conseguir una granja propia y cultivar bien. «Gracias a lo que he aprendido ahora puedo formar a otras mujeres que no pueden asistir a las sesiones y así nos ayudamos entre todas. Creo que es importante recibir esta educación para que nuestras vidas mejoren, yo, por ejemplo, he podido matricular a mis hijos en la escuela», explica.
Manos Unidas asume un 47% del coste del proyecto comprando los equipamientos, las herramientas agrícolas y las semillas para el cultivo, que garanticen una producción de calidad. El proyecto tiene una duración de un año y beneficia a 800 mujeres agricultoras desplazadas.
La iniciativa está alineada con la Agenda 2030 y sigue los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Concretamente el nº1, que busca poner fin a la pobreza, el número 5, que promueve la igualdad, el nº 8 que fomenta el trabajo decente y el crecimiento económico y finalmente, el nº 10 cuyo objetivo es reducir las desigualdades.
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