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#10de10. El testimonio de uno de los capellanes de IFEMA que acompañaban a los más necesitados
Ignacio Javier Ortiz Cabañas tiene 57 años. Es misionero de la Sagrada Familia, sacerdote en la parroquia de San José Obrero de Coslada y profesor en un instituto de secundaria en Torrejón. Pero los meses de confinamiento los ha pasado en uno de los epicentros de la pandemia: en el hospital improvisado de IFEMA.
Ortiz Cabañas es uno de los dos religiosos que acudieron como capellanes a acompañar a aquellos que más lo necesitaban. A la primera línea de la batalla: a estar con las personas enfermas. El hospital se construyó en un auténtico tiempo récord -en solo 18 horas-, en uno de los pabellones de IFEMA, para tratar de paliar la falta de medios y la saturación en el sistema sanitario de Madrid.
A las cinco y media de la tarde, el padre Nacho llega a los pabellones número 7 y 9 -donde se ha montado el hospital ‘de campaña’. Se ‘revisten’ pero esta vez, en vez de con la vestimenta propia de un sacerdote, con el equipo que necesitan para protegerse del virus que ha provocado la mayor crisis sanitaria del siglo XXI. Una vez están preparados, se reparten el trabajo y empiezan a pasear entre las camas donde descansan los cientos de pacientes contagiados.
Ignacio Javier Ortiz cuenta que «atendíamos a todo tipo de personas, hombres, mujeres, gente mayor y gente joven». Su rutina es simple «en primer lugar saludábamos a la persona y la acogíamos, si necesitaba la unción de enfermos, realizábamos un momento. Guardábamos un rato de silencio, orábamos, celebrábamos el sacramento de la reconciliación y entonces les dábamos la unción».
Cada persona tiene un tipo de necesidad, y ellos estaban ahí para coger a cualquiera: «Si nos pedían que rezáramos con ellos, rezábamos un rato con ellos, y de alguna manera les dábamos la bendición al final. Otras personas querían solo hablar y entonces tranquilamente hablábamos y estábamos pendientes de lo que ellos querían hablar. De lo que nos querían contar y siempre acogiéndoles».
Han sido días difíciles y cansados, en un momento muy complicado para todos. También para un sacerdote lo ha sido. Para Ignacio Javier Ortiz Cabañas esta vivencia ha sido «muy sencilla». Cuenta que «va desde el miedo, desde la duda, desde la confianza, desde el agradecimiento…» Ha estado muchos días viendo en primera persona el drama que ha vivido nuestro país, y aun así dice estar agradecido.
Pero mi mayor vivencia de verdad ha sido poder agradecer a todas esas personas que de una manera o de otra me han dejado acompañarlas, y estar junto a ellas. Me han ayudado a descubrir a Cristo en medio de ellos. Es mi mayor vivencia, la más sencilla. Por eso digo que mi vivencia va desde el miedo, hasta la confianza; pero sobre todo en el encuentro con Cristo en medio del dolor».
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