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Miles de católicos se suman a la multitudinaria manifestación por la COP25 de Madrid
Han tardado una década, pero por fin, las calles de Madrid asistieron a una manifestación de católicos por la alegría, por la casa común, por defender la tierra de todos. Y con un obispo, el auxiliar de Madrid, José Cobo, junto a los máximos representantes de Cáritas, Manos Unidas, HOAC, el Movimiento Católico Mundial por el Clima, Entreculturas, salesianos, dominicos, jesuitas, scouts, Iglesia de base... Y no, esta vez no para protestar contra el matrimonio igualitario o Educación para la Ciudadanía. Sino para hacer ruido, mucho ruido, junto al resto de la sociedad, con una sola voz: salvar el planeta. Salvarnos.
'Católicos por el cuidado de la casa común' era el lema de la inmensa pancarta con la que decenas de colectivos de Iglesia se sumaban a la macromanifestación convocada en Madrid para exigir a los líderes del mundo, reunidos en Madrid en la COP25 "hechos, y no palabras", como apuntaron desde el estrado la activista Greta Thunberg y el actor Javier Bardem.
Más de medio millón de personas, en la concentración más grande registrada en este tipo de cumbres, que ojalá sirva para mucho más que para esponjar los corazones durante un tiempo. Y, entre ellos, hombres y mujeres de fe, que antes de sumarse a la manifestación habían participado en una emotiva oración en la iglesia de los Jerónimos de Madrid, en la que José Cobo pidió "que la voz de Dios nos comprometa".
"Dios nos llama a actuar en lo concreto, a poner acciones en las palabras", señaló el prelado. El único de todo el Episcopado en comparecer hoy en el centro de Madrid. Y es que todavía queda mucho por hacer. Pero para eso, y para otras muchas cosas, también están los laicos, hombres y mujeres movidos por su fe y por su afán por cambiar el mundo. Y la vida religiosa, siempre presente en primer plano.
"¡No tenemos pasta para volar a Marte!", "Laudato Si, petróleo No", "¡No hay planeta B!", "Se ve, se siente, la Iglesia está presente", fueron algunos de los cánticos que se escucharon durante la marcha. Se echaba en falta la presencia de la Iglesia, en plano de igualdad con otros grupos sociales, en una lucha en común: por nuestro planeta, por el hogar que Dios puso en nuestras manos y que estamos destrozando. El momento ha llegado. "Tenemos que estar", resumía el obispo Cobo.
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