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A la misma hora en la que, ante la puerta de acceso al claustro de la parroquia de Santa Anna de Barcelona, se creaba una hilera de personas sin hogar para acceder y hacer la última comida del día, la puerta principal del templo, a pocos metros, era este pasado miércoles el punto de encuentro de “cuatro de las principales voces con más capacidad para analizar el sinhogarismo“, como reconocía uno de los voluntarios del Hospital de Campaña de Santa Anna. “Pocas veces se ve una escena como esta aquí”, añadía el testigo.
Pero, en esta ocasión, ni la dominica Sor Lucía Caram, ni la directora de la Fundación Arrels, Beatriz Fernández, ni el presidente de Cáritas Cataluña, Salvador Busquets, ni el presidente de Mensajeros por la Paz, el Padre Ángel, participaban en una mesa redonda en el interior de Santa Anna para analizar tan solo el sinhogarismo: “Los cuatro ofrecen una respuesta firme a un discurso aporofóbico que, desde diferentes puntos de Barcelona, denuncia coordinadamente el trabajo que se hace en espacios como el nuestro”, como subrayaba el rector de Santa Anna, Peio Sánchez, antes de iniciarse esta actividad de reflexión.
“Mientras hay presidentes de comunidades autónomas peleándose por quién acoge menos inmigrantes en sus territorios“, como reflexionaba el más veterano de todos ellos —el sacerdote asturiano Ángel García— en unas declaraciones recogidas por Flama, “la Iglesia da la cara, como lo ha hecho siempre, ante la pobreza, la desigualdad, los abusos, y así lo tenemos que hacer ver a quien no cumple con el mensaje de Jesús”. Por eso, ya encima del presbiterio de Santa Anna, el cura hacía un llamamiento a “no callar ante el odio y la injusticia”.
También era desde este espacio donde Sánchez, con una parroquia casi llena, apuntaba en una de sus intervenciones al “verdadero y único motivo” que puede provocar el cierre del Hospital de Campaña: “Este sería el de no tener a personas viviendo en la calle”, apostillaba el sacerdote. No obstante, unas dinámicas de exclusión social que toman cada vez más protagonismo —”que son, incluso, normalizadas por muchas personas en situación de calle”, decía Beatriz Fernández— “han convertido al pobre en alguien peligroso“, continuaba, y, como denunciaban los participantes de este coloquio, en el principal motivador de unas denuncias vecinales dirigidas tanto a este como a otros centros de acogida de la ciudad.
“Asistimos a un discurso de extrema derecha, convertido en una religión que domina los pensamientos mundialmente”, agregaba la religiosa Lucía Caram refiriéndose a esta realidad. Una situación, a pesar de esto, que es radicalmente diferente a lo que se cocina desde el Hospital de Campaña para la dominica: “En 2017, os pusieron problemas para abrir las puertas a los más pobres; a pesar de esto, con resistencia evangélica, os han acabado defendiendo esas mismas personas y habéis sido, como se demuestra ahora, unas voces creíbles“, concluía.
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