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Pide a los Siervos Pobres de la Divina Providencia "amar a los pobres haciéndose pobres"
Amar a los pobres haciéndose pobres”: el Papa Francisco, al recibir en el mediodía de este 30 de mayo a los participantes en los Capítulos Generales de los Siervos Pobres de la Divina Providencia, se los subraya, al recordarles que las periferias “geográficas y existenciales” a donde el Señor los envía “son el campo donde anunciar el amor providencial del Padre a través de una sobreabundante misericordia”. Y es que es necesario manifestar “la ternura del rostro de Dios sin prejuicios, ni exclusiones”.
Francisco demuestra su alegría al recibir a las dos Congregaciones “juntas” en la Sala Clementina del Vaticano, que se presentan con algunos laicos que participaron activamente en los capítulos, dando así testimonio de los trabajos que llevaron por tema, precisamente, “La profecía de la Comunión”.
Según su carisma, la familia calabriana está llamada a reavivar en el mundo “la fe en Dios Padre y el abandono filial a su providencia”. El Santo Padre subraya la belleza de este carisma, puesto que “cuando contemplamos a Jesús en su vida pública, en su predicación, incluso en las conversaciones con sus discípulos, vemos que en su corazón estaba en primer lugar este deseo: dar a conocer al Padre, hacer sentir su bondad”.
Así vivía Jesús, plenamente inmerso en la voluntad del Padre, y toda su misión estaba encaminada a introducirnos en esta relación filial, que tiene como rasgo esencial la confianza en la Providencia: que el Padre nos conoce mejor que nosotros mismos y sabe mejor que nosotros lo que necesitamos.
Para el Papa Francisco, el fundador de los Siervos Pobres de la Divina Providencia, San Juan Calabria, “fue un profeta”: era un hombre “inserto en la Iglesia de su tiempo, que supo responder a las necesidades yendo a las periferias, para manifestar el rostro paternal y maternal de Dios”. Los más pobres, los últimos, los descartados de la sociedad, eran sus "perlas", como los llamaba él.
Diría que cultivar la confianza en la providencia divina junto con los pobres los convierte en artífices de una "cultura de la providencia": esto es muy importante. No pierdan esta dimensión. Esta cultura de la providencia que veo como un antídoto contra la cultura de la indiferencia, desgraciadamente extendida en las sociedades del llamado bienestar.
La espiritualidad cristiana de la providencia, hace presente Francisco, no significa “esperar que lluevan del cielo las soluciones a los problemas y los bienes que necesitamos”: por el contrario, significa tratar de asemejarse, en el Espíritu Santo, a nuestro Padre celestial en el cuidado de sus criaturas, especialmente de las más frágiles y pequeñas:
Significa compartir con los demás lo poco que tenemos para que a nadie le falte lo necesario. Es la actitud del cuidado, más necesaria que nunca para contrarrestar la de la indiferencia.
Para nuestros mayores, para nuestros abuelos, recuerda el Papa, cuando un invitado llegaba a la casa de forma inesperada, o cuando un pobre llamaba a la puerta para pedir ayuda, era normal compartir un plato de sopa, o de polenta. “Esta era una forma muy concreta de vivir la Providencia, el compartir”, afirma. Y añade que, sin embargo, “no debemos idealizar ese mundo, ni refugiarnos en nostalgias estériles, pero sí recuperar ciertos valores”:
La mentalidad de los que parten el pan bendiciendo a Dios Padre, confiando en que ese pan será suficiente para nosotros y para el prójimo necesitado. Así nos enseñó Jesucristo en el milagro de compartir -no multiplicar- los panes y los peces. Hoy necesitamos cristianos que sirvan a la Providencia practicando el compartir.
Antes de finalizar, el Santo Padre les da una recomendación: no encerrarse en la autorreferencialidad, sino abrirse “cada vez más para acoger la novedad y el estilo de Dios les ha inspirado”:
Las periferias geográficas y existenciales a las que el Señor los envía son el campo donde anunciar el amor providencial del Padre a través de una superabundante misericordia, manifestando la ternura del rostro de Dios sin prejuicios ni exclusiones. Amar a los pobres haciéndose pobres.
Esto– afirma el Sucesor de Pedro -, les da alegría: dar su testimonio con sencillez, con humildad pero con valor, sin mediocridad; y sobre todo con un gran sentido de humanidad. ¡Hay tanta necesidad de humanidad!
Puesto que una de las cosas que destruye la comunión humana, la "humanidad", son las habladurías, el Papa en este punto, dejando el discurso de lado, quiso hacerles una recomendación:
Por favor, tengan cuidado. Nunca hablar mal los unos de los otros. Si tienes un problema con una hermana o un hermano, ve y díselo en la cara. Y si no puedes decírselo a la cara, cómetelo, ¿sabes? Pero no vayas sembrando inquietudes que dañan y destruyen. Las habladurías son un veneno mortal. […]Que sea un buen propósito: nada de habladurías.
“Ser profecía de comunión dando testimonio del Evangelio de la Providencia, compartiendo con los más pobres, oponiéndose a la cultura del descarte y la indiferencia", es en definitiva, la gran enseñanza de este día.
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